PANAMÁ Y SU HISTORIA por Vladimir Berrío-Lemm desde 1995.

10 de mayo de 2012

HOMENAJE A GERMÁN MACKAY G. el panameño desconocido en Panamá.

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Paso a reproducir ad-integrum el artículo que apareció en julio de 1883 en la prensa Rioplatense. Su autor, Daniel Muñoz, un joven reportero entonces, que prefirió escudarse con el seudónimo Sansón Carrasco (Bachiller, personaje de Don Quijote de la Mancha, prometido de la sobrina de éste).   Foto cortesía de:

http://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Mu%C3%B1oz_(pol%C3%ADtico)

Es menester leer esto con cuidado porque nos estamos encontrando por primera vez con una doble piedra angular de importancia tal vez no para Panamá excepto como cuna, pero sí para el Cono Sur.    Las imágenes de la medalla son del original, custodiado en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco La noción de Germán Mackay apareció para nosotros en una publicación de la SPIA con un artículo en dos partes sobre la historia del tango.   El artículo que se transcribe, trata no del inicio, sino de la segunda vuelta de éxitos escénicos de nuestro panameño desconocido.  Ya anteriormente había hechizado a las capitales suramericanas, pero en esta vuelta triunfal fue cuando escribió una letra para una canción dentro de una obra llamada EL NEGRO CHICOBA, con lo que los entendidos lo consideran precursor del Tango Porteño.

Esperamos lo disfruten y que nos inunden con sus comentarios.   Vladimir Berrío-Lemm.  Panamá,17 de junio de 2014, última actualización.

GERMÁN MAC’KAY (1842-1890)

PRIMER ACTOR DRAMÁTICO AMERICANO ([1])

Santiago ([2]) Mac’Kay, oriundo de Escocia, de donde había emigrado á América, ejercía allá por los años treinta y tantos, la profesión de comerciante en la ciudad de Panamá, perteneciente á la federación Colombiana. Cimentada su posición con una regular fortuna adquirida en el comercio, pensó el señor Mac’Kay en lo que generalmente piensan todos los hombres á cierta edad, que fué en casarse, deseo que si de suyo no le nacía, había quien lo engendrase sobradamente en Panamá, donde las mujeres tienen esos ojos peculiares á todas las de América, y que parecen aljabas guardadoras de flechas, según son de afiladas y penetrantes las miradas que despiden.

Suponiendo, pues, que el buen escocés tuviera sus ideas neoelibertarias, quiso su destino que se encontrase con una panameña cuya sola vista fué causa bastante para dar al traste con todos los propósitos anti-matrimoniales, y de ahí la unión de don Santiago Mac’Kay con doña María Gutiérrez, hija del General Gutiérrez de Riñeres, soldado distinguido que fué de la Independencia.  Realizóse el enlace el año 1840, y andando el tiempo, sucedió lo que no era un fenómeno que sucediese: esto es, que vino al mundo un nuevo Mac’Kay, que recibió en la pila el nombre de Germán.

PERIODISTA DANIEL MUÑOZ. SU SEUDÓNIMO ES SANSON CARRASCO. INVESTIGÓ Y PUBLICÓ EN 1884 ESTA RESEÑA CON MOTIVO DE LA REAPARICIÓN EN ESCENARIOS ARGENTINOS DEL ACTOR DRAMÁTICO GERMÁN MACKAY

Creció el descendiente de don Santiago lleno de mimos y rodeado de maestros, y con tal ahínco se consagró el niño á los estudios, que á los quince años era ya bachiller, halagándose sus padres con la idea de que pronto tendrían un doctor en la familia. Pero, el hombre propone, y Dios dispone.

Proponíase don Santiago Mac’Kay hacer de su hijo un hombre de foro, pero las circunstancias, ya que Dios no se entromete en estas cosas, dispusieron que Germán había de ilustrar su apellido en el arte, y así fué. Sucedió que en el año de 1856, á tiempo precisamente en que Germán se calaba el bonete coronado con el árbol de la ciencia, llegó á Panamá una compañía dramática, de la que era primer actor un tal O’Loghlin, que alcanzó gran reputación en el Pacífico.

El joven Mac’Kay iba con frecuencia al teatro, y deslumbrado por los triunfos que coronaban noche á noche al artista, entróle el deseo de comprar la gloria á igual precio. Niño aún, aunque disimulada su edad por la elevada estatura que le realzaba, empezó á frecuentar los artistas, y lo que en un principio fué solo mera afición, acabó por hacerse en él un propósito arraigado. La primera vez que Germán habló á su padre de sus tendencias artísticas, el buen escocés puso el grito en el cielo, y trató por todos los medios de combatir aquella para él maldita influencia, que trastornaba los proyectos que respecto del joven abrigaba.

Pero ya era tarde; Germán estaba dominado por la vocación que le arrastraba á la escena, de la cual no conocía más que las glorias, ignorando las rivalidades y miserias que tras los bastidores se agitan. Partió la compañía O’Loghlin para el Perú, y quedó el joven Mac’Kay como si le hubiesen llevado la mitad de su ser.

Aquella partida, lejos de apaciguar sus tendencias, las irritó más aún: luchó entre su vocación y el amor á sus padres, pero al fin venció aquella, y un buen día, el hogar de la familia de Mac’Kay perdió todas sus alegrías, mientras el causante de aquel dolor navegaba con rumbo al Perú, donde, una vez llegado, se agregó á la compañía O’Loghlin, llenando así los anhelos que le habían hecho desertar del techo paterno.

Todo ayudaba al joven Mac’Kay para hacerse de un nombre en la escena: su apuesta figura, su educación, el timbre sonoro de su voz, y sobre todo, el genio que sentía agitarse dentro de su hermosa cabeza.  Se estrenó como segundo galán joven, con aplauso, cuando apenas tenía diez y seis años. Á los diez y ocho era ya primer galán, y á los veinte eclipsaba á su maestro O’Loghlin, haciendo los primeros papeles.  Durante cinco años recorrió los principales teatros de Chile, Perú y Bolivia, adquiriendo envidiable renombre, matando con su talento todas las rivalidades que en torno suyo hervían, hijas de la envidia de quienes, diciéndose maestros en el arte, quedaban relegados ante aquel joven que á largos pasos recorría el camino de la gloria.

A pesar de sus triunfos, Mac’Kay no creyó haber alcanzado las cumbres que él soñaba en el arte á que se había consagrado, y resolvió hacer un viaje á España con el objeto de perfeccionarse en la escuela de Romea y de Valero, que eran por aquel entonces los príncipes de la escena dramática española. A esa circunstancia debimos el tener en Montevideo á Mac’Kay el año 1868, contando apenas entonces 27 años.

Recuerdo como si fuera ahora la noche de su estreno en Solís con el drama Los hijos de Eduardo. Para mi fué una revelación aquella naturalidad en el decir y aquella sencillez en la acción, acostumbrado como estaba al énfasis y á los manoteos de los actores españoles que hasta entonces había visto. El teatro estaba vacío; Mac’Kay había caído entre nosotros sin nombre que le precediese, ni anuncios que le presentaran como un artista de primera fila. Pero el centenar de espectadores que en aquella primera noche pudo apreciar su talento, fueron al segundo día cien pregoneros de los méritos del artista americano, y desde la segunda representación, nuestro pran teatro era pequeño para contener el numeroso público que acudía á admirar á Alac’Kay. Los viejos nos hablaban de Casacubierta como único término de comparación posible con el joven panameño.

El repertorio de Mac’Kay se componía de las principales obras del teatro español y francés, la mayor parte de ellas nuevas para nuestro público. Pero cuando el entusiasmo llegó á su colmo, fué cuando hizo por primera vez el Sullivan, Aquello fué un éxito extraordinario, y la interpretación de aquella obra le bastó para conquistar un renombre que nadie hasta entonces había alcanzado en el Rio de la Plata. Mac’Kay era un actor de corte moderno, desligado de todos los resabios de la vieja escuela española que hacían decaer entre nosotros el gusto por el drama. Su aparición en nuestra escena fué una verdadera resurrección para el arte dramático, que se nos presentaba bajo formas nuevas, revestido de esa sencillez y naturalidad que son inherentes a todo lo que es real.

Mac’Kay, sin saberlo quizás, era un actor de la escuela realista, escuela en que se había formado él solo, sin más maestro que su inspiración, adivinando que el secreto del arte estriba solo en la más difícil de las facilidades, si es que así puede llamarse á la estricta reproducción de la verdad. Fuera de la verdad no hay belleza, y donde la belleza falta, falta el arte. Rien i’cs beau que le vrai, había dicho ya alguien, y ese dicho, aceptado como máxima, quedó complementado con otra que sintetiza más la idea: rarle é il vero. Esa fué la divisa de Mac’Kay, y ella la que le llevó al triunfo.

Comprendió que los efectos escénicos no están en la exajeración de las pasiones, ni en la altisonancia de las frases, ni en el amaneramiento de los modales, sino en retrata fielmente los efectos de esas pasiones, tales como se manifiestan en la vida real. Era el primer actor que entre nosotros hablaba en la escena como hablan los hombres en sociedad: suave, sin afectación, cuando la situación lo requería, y violento, sin estrépito, en los trances fuertes. En Sullivan, Mac’Kay era no solo el artista, sino el hombre que hacía suya la causa del protagonista que representaba.

Se defendía él mismo contra las rancias preocupaciones sociales que pretendían hacer del actor un paria, para quien estaban cerradas todas las puertas que no fueran las del teatro; para quien no había afecciones, ni amistad-, ni amor, más que el que se recita en las comedias. Mac’Kay encarnaba á Sullivan, con el mismo entusiasmo con que Federico Lemaitre representaba el Kean, haciendo de la escena una tribuna pública en la que el artista podía defender su causa para allanar las resistencias que la preocupación le oponía, para poder llegar á la esfera social en que se agitan los demás hombres . El joven actor americano hizo de Sullivan su caballo de batalla, y con él triunfó, haciéndose admitir como lo merecía quien no tenía más delito que el de ganarse honradamente la vida con -su talento, á diferencia de otros que alternan en las más elevadas esferas y que sin embargo comercian con infamias y rastrerías ocultas bajo una capa de oro.

Estando Mac’Kay en Montevideo, como dejo dicho, el año 68, se desarrolló la epidemia del cólera. Las familias emigraron al campo, los teatros se cerraron forzosamente por falta de público, el hijo del escocés don Santiago tuvo por muy prudente, como todo hijo de vecino, sacar el cuerpo á la descarnada que no se daba reposo en cortar con su afilada guadaña, y se retiró á la Unión, cuartel general de los que escapaban del flajelo. Pero ni aún allí las tenía todas consigo el artista, y tan no las tenía, que sus amigos hacían burla del continuo sobresalto en que vivía, hasta que uno de ellos, para quitarle desazones, le invitó á pasar una temporada en una estancia, invitación que él aceptó de mil amores.

Y ahí tienen ustedes á don Germán Mac’Kay, campeando por el Rincón del Rey y en el Departamento de la Colonia, por temor al cólera, y á fe que había razón en temerle, pues se despachaba á los moradores de esta reconquistada ciudad de á cien por día. Lo mejor del caso es que Mac’Kay tenía ya tomado pasage en un vapor trasatlántico para realizar el viaje á Europa que desde Chile traía proyectado, pero, temeroso de la peste, prefirió perderlo antes que asomar las narices por Montevideo, y así, en vez de acercarse al puerto, se internó tierra adentro.

Cualquiera, en el caso del aplaudido actor, habría aprovechado aquellas vacaciones forzadas para descansar de sus fatigas artísticas, pero, dominado como estaba él por la pasión del teatro, no pudo permanecer mano sobre mano contemplando las cuchillas, y ya que le era imposible representar dramas, se puso á hacerlos, y á esa circunstancia casual debe el pequeño- repertorio, americano una nueva obra, favorablemente juzgada por la crítica, que lleva por título: Elena.

El actor se hizo autor, y su drama, interpretado por él mismo, le agregó una hoja más á las muchas que formaban la corona de gloria que ceñía. Entre Montevideo y Buenos Aires pasó Mac’Kay los fines del 68 y los comienzos del siguiente año, época en que volvió á Chile llevando muy buenos recuerdos del Plata, donde se le había aplaudido ruidosamente, y donde él había contraído numerosas relaciones entre la juventud distinguida de ambos países. El artista era dueño del público, y tan seguro estaba de su éxito, que hasta llegó á cantar en el teatro algunas canciones, como El crudo tucumano y otras, que luego se hicieron popularísimas, no por su mérito, sino porque Mac’Kay las cantaba.

Aquello no era arte, á buen seguro, pero él lo echaba á broma y se divertía con ello. Vuelto á Chile, le pasó en Santiago lo que treinta años atrás le pasara á su padre don Santiago en Panamá, y fué que se enamoró, y esta vez no en verso y de mentirijillas como lo hacía en las comedias, sino en prosa y muy de veras. Pertenecía la aludida á una familia de campanillas en Chile, de noble abolengo, y no hay para qué decir que la inclinación con que la joven correspondió á las ardientes declaraciones del mancebo fué causa de que en la casa se armase un zipi-zape de aquellos de no te muevas.

Borgoño y Maroto eran los apellidos de la chilena rendida á la pasión del panameño, dos apellidos ilustres, como que el primero era el de su abuelo paterno, general victorioso en la memorable jomada de Maipo, y el segundo el del abuelo materno, general también, que amén de la notoriedad que le dieron sus campañas, tuvo la de ser actor en el famoso abrazo de Vergara.

 

teatro victoria

Primer edificio del Teatro de la Victoria (1838), del arquitecto italiano Juan Bautista Arnaldi, en Buenos Aires, sector del Puerto. Donde Germán McKay actuó muchas veces. Tarjeta postal cortesía de http://arquitectos-italianos-buenos-aires.blogspot.com/2012_04_01_archive.html

Con semejante alcurnia, y con saber que la respetable mamá de la niña tenía á mucho orgullo llamarse todavía Duquesa de Ferrandelli y Condesa de no sé cuántos, sobrado hay para comprender qué oposición se haría al enlace de la niña con el artista. ¡Un cómico! Para la sociedad ilustrada y liberal de la época, un cómico es un caballero como cualquier otro, con tal de que sus procederes sean los de un caballero. Pero hay todavía en ciertas esferas, y sobre todo en las de la aristocracia rancia, muchas resistencias á admitir que el talento dramático sea suficiente título para alternar con ellas, mientras que alternan asnos cargados de reliquias.

Entre nosotros no se comprende eso, porque nuestra sociabilidad no conserva ninguno de esos resabios ridículos de gerarquías y alcurnias, pero en Chile hay aristocracia aún, aristocracia tanto ó más encopetada que la de las monarquías europeas, y en la que, para ser admitido, no basta solo descollar en la política, en las letras, en las artes, sino que es preciso exhibir los pergaminos que acrediten la cuna.

Con tales ínfulas y reatos, ya se esplicará el lector que no había entrada en casa de los Borgoño y Maroto para el infeliz artista, que no tenía más ejecutoria que su fé de bautismo, ni más títulos que los conquistados en el teatro, honrosísimos para los que no admiten más aristocracia que la que él propio valer da, pero que para personas de tanto cuño eran como papeles mojados. Mas no en valde pintan al amor como un muchacho, travieso y ceguezuelo, á quien las resistencias encaprichan más que las facilidades, pues sucedió en este caso lo que frecuentemente acontece en todos los análogos, y fué que, irritada la pasión de ambos jóvenes por los obstáculos que se le oponían, concertaron unirse contra viento y marea, y así fué que á mediados del 69, embarcado ya Mac’Kay en un paquete que zarpaba para el Rio de la Plata, recibió en sus brazos á su compañera, ligada ya á él por los sagrados lazos del matrimonio que habían contraído contra el disenso paterno.

Volvió Mac’Kay á Montevideo acompañado de su distinguida esposa, y encontrando aquí una compañía dramática, dio tres representaciones con extraordinario éxito, pasando en seguida á Buenos Aires, donde también fué acogido con simpatía. Después de algunos meses, regresó al Pacífico, siguiendo su peregrinación artística, hasta que el 71, trabajando en Guayaquil con la Matilde Duelos, aquella célebre actriz que años atrás habíamos admirado en Solís, se despidió Mac’Kay de la escena dramática con la representación de la Elena que había compuesto durante su estadía en el Rincón del Rey.

Aquella retirada fué una pérdida para el arte dramático americano, encarnado en Mac’Kay que era su más ilustre representante. No fué la decepción ni el hastío lo que le arrastró á aquella determinación, sino el amor á su esposa, cuyos padres, reconciliados ya con el actor, la llamaban á su lado. Y ahí tienen ustedes al más aplaudido artista americano convertido de la noche á la mañana en agricultor, cultivando un fundo en las cercanías de Santiago, sin más preocupación que la de sembrar y cosechar, olvidando sus ruidosos triunfos en el tranquilo retiro de su campestre hogar. Nueve años pasó así, y otros nueve hubiera pasado, si para desgracia suya y beneficio del arte no hubiera la philoxera talado los viñedos, cuyo cultivo constituía la principal industria del artista agricultor.

El microscópico insecto no dejó ni un pámpano en las cepas, é inutilizado el esfuerzo de nueve años de constante labor, vióse Mac’Kay forzado á abandonar su fundo, retirándose en los principios del 81 á Santiago, donde pronto halló la protección que buscaba, nombrándosele catedrático de composición y declamación. Aquello de que la cabra tira siempre al monte se dijo, indudablemente, con alusión á los que se dedican á dos profesiones que son como un yugo que jamás se puede sacudir : la prensa y la escena. ¡Desgraciado del que entra en una imprenta!  Ya no volverá á salir de ella, y si sale, no ha de dar muchas vueltas antes de caer de nuevo en sus redes.

Cuando el escritor se gasta, se hace corrector; cuando la vista no le da para esa tarea, se hace administrador, gerente, ó cualquiera otra cosa, con tal de no salir de ese banquillo, contra el cual todos reniegan y del cual, sin embargo, nadie acierta á libertarse. Lo propio le acontece al hombre de teatro, ya sea cantante ó cómico. Una vez que entra tras los bastidores, ya no sale de allí más que para esa última salida en que no va uno por sus pies, sino llevado á pulso. Yo he conocido á Lelmi en el auge de su gloria, haciéndose pagar lo que.quería por cantar como tenor. Después le vi descender á segundo término; le oí en seguida de pariiquin, de -estos que salen á anunciar con cuatro notas destempladas que viene el rey, más tarde fué maestro de coros, y por último…. le encontré de boletero en un teatro lírico.

Es lo mismo que si un redactor de diario acabase por ser repartidor. Esto digo a propósito de lo que sucedió con Mac’Kay, que acabó por tirar al monte; quiero decir: que lo de la cátedra de declamación le despertó sus vocaciones de artista adormecidas durante nueve años, é ideó un proyecto de creación de una Academia para formar en ella artistas americanos. Como base de su proyecto inició el pensamiento de empezar á educar el gusto por el teatro, llevando á Chile una compañía dramática compuesta de actores sobresalientes en España.  Al instante encontró aceptación su idea, y se constituyó una sociedad por acciones á fin de levantar el capital necesario para realizarla. Nombrado Mac’Kay director de la empresa, á él se le confió la misión de ir á Europa en busca de una compañía de drama, y ya se ha visto como llenó su cometido, trayendo uno de los mejores cuadros dramáticos que hayan venido al Plata.

Pero, si llenó su propósito, en cambio nada hizo por su provecho, y forzado por las circunstancias se vio obligado á echar mano de su prestigio para cumplir los compromisos de la empresa que representaba para con los artistas que habla contratado. Al solo anuncio de que Mac’Kay reaparecería en la escena para la representación de Sullivan no quedó en el Teatro de la Ópera en Buenos Aires una sola aposentaduria que no fuese vendida y revendida á precios disparatados. El simpático artista no las tenía todas consigo, doce años hacía que no pisaba el escenario de un teatro, y temía haber perdido aquella inspiración que tantos triunfos le había valido. P

ero llegó la noche dé la representación, y la estruendosa salva de aplausos que saludó la aparición del Sullivan americano devolvió á este toda su entereza, poniéndose á mayor altura que la que había alcanzado cuando cultivaba asiduamente su arte. Fué un delirio, un frenesí. El teatro, henchido de gente hasta en los más apartados rincones bullía de entusiasmo.  El actor terminaba sus frases entre vítores y batir de palmas que se prolongaban por largo rato.  Mac’Kay fué objeto de una de esas ovaciones que hacen imperecedero el recuerdo de un artista. En vano quiso resistirse á una segunda exhibición.

Todo Buenos Aires quería verlo, y como todo Buenos Aires no cabía en el teatro, fué necesario que el artista cediese, para hacerse aplaudir por otros dos mil espectadores. El eco de ese expléndido triunfo escénico repercutió en Montevideo; y sus amigos de aquí, haciendo valer los títulos que tienen conquistados para con Mac’Kay, le exijieron que viniese á recojer el tributo de aplauso que le tenían reservado. El artista no pudo resistirse á la exigencia, y acudió al llamamiento. Esta noche representará Mac’Kay el Sullivan en la escena de San Felipe y yo me anticipo á su triunfo, saludando con un entusiasta aplauso al laureado actor americano, al genio más brillante del arte dramático en nuestro continente.

Julio 15 de 1883.

Sansón Carrasco

 

SEPARACIÓN  DE   TEMAS,  PERO  SIEMPRE  CON  GERMÁN  MACKAY

Visitando el siguiente enlace   http://www.estelatelerman.com.ar/videos.html   se abre una ventana que tiene varias opciones de videos en la parte inferior,  Seleccionar la letra “E” y se podrá escuchar en primer lugar EL NEGRO CHICOBA.

 

Gracias al periodista décimonónico sabemos la intimidad de nuestro héroe.  Pero aunque haya sido impresionante lo que hemos leído, resultará casi increíble lo que sigue a continuación. La medalla conferida a Germán Mackay en 1867,  realmente no fue otorgada por lo del teatro.   ¡Para nada!

ANVERSO DE MEDALLA HONORÍFICA, METAL BLANCO, OTORGADA EN 1867 A GERMÁN MACKAY POR EL PUEBLO DE BUENOS AIRES. Colección de Medallística del Museo Blanco de Buenos Aires

REVERSO, MEDALLA HONORÍFICA, METAL BLANCO. OTORGADA A GERMÁN MACKAY EN 1867 POR EL PUEBLO DE BUENOS AIRES. Colección de Medallística, Palacio Noel. Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.

Y fue por algo ocurrido el 24 de mayo de 1867. Leamos su siguiente obra poética  y veamos lo que dice en sus anotaciones propias.

EL NEGRO CHICOBA ([3])

(Tango negro candombe) ([4])

Yo soy un neglito, niña

Que pasa siemple po´acá,

Vendo plumero, chicobas

Y nadie quiele complá.

Será porque soy tan nego

Que pasa de rigula,

Todas las niñas juyen

Se palecen asustal.

Yo soy un neglito, niña

Que pasa siemple po´acá,

Vendo plumero, chicobas

Y nadie quiele complá.

Yo soy un neglito, niña

Que le gusta fandangueá,

Y a la que hago un pilopo

Bien plonto está colorá.

Letra :   G e r m á n    M c K a y.   Música : José María Palazuelos.    Grabado por el conjunto de Oscar Bosarelli con la voz de Lino Bugalo.     Ref. del amigo Quilici: Dataría del año 1867, siendo el autor de la letra un actor y cantante panameño, Germán McKay, estrenado el 24-05-1867,  en el Teatro de la Victoria, disfrazado de negro escobero.    Chicoba: vendedor ambulante de escobas y plumeros

Resulta que ahondando la investigación, se ha llegado a encontrar autores que consideran que Mackay y el Negro Chicoba son el inicio cabal de lo que llamamos el tango porteño.   Por ello he decidido declarar abierto este artículo con la esperanza de hallar alguna foto o dibujo del panameño desconocido y otras informaciones sobre sus aventuras culturales.

Portadas de algunos de los libros que identifican claramente a Germán McKay y su aporte al Tango.

Portada de uno de los libros que identifican claramente a Germán McKay y su aporte al Tango.

RAICES DEL TANGO

Versión dibujo moderno de un chicoba.

Versión dibujo moderno de un chicoba.

PEPINO, Jose Podest 1888

José Podest recrea al Chicoba pero de modo burlesco con el personaje Pepino, en actuaciones circenses hacia 1888.

 

 

Un caballero posteó en otro blog lo siguiente, pero sin dejar su apellido o su correo electrónico, pero sí la obra de donde se informó:

Sólo un dato: El Negro Chicoba.  En el libro Historia del Teatro de Buenos Aires (1910) de Mariano Bosch, dice que CHICOBA fue ejecutada en 1865 y es de autor anónimo.  Conseguí la partitura, es de J. M. Palazuelos de quien encontré bastante datos y hasta alguna foto, y fue dedicada a Germán MacKay de quien también encontré algunas referencias.

Un abrazo.

Guillermo, de Villa Carlos Paz

 

Gracias a una publicación argentina de 2006 a cargo de Osvaldo Pelletieri,  ( http://books.google.com.pa/books?id=IzKVjUPmWBkC&pg=PA51&lpg=PA51&dq=compa%C3%B1%C3%ADa+de+teatro+de+Germ%C3%A1n+Mackay&source=bl&ots=rulieQIQvT&sig=F3fpzMMDpcKDkSUMZ30o60CvKwU&hl=es&sa=X&ei=QsWgU9TeH-qusATCxoHgDw&redir_esc=y#v=onepage&q=compa%C3%B1%C3%ADa%20de%20teatro%20de%20Germ%C3%A1n%20Mackay&f=false    ), sabemos que en 1884 McKay presentó otro repertorio en el teatro La Ópera las obras “Vida alegre y muerte triste” del autor argentino José Echegaray y “El noveno mandamiento” del también argentino Miguel RamosCarrión.  Y sin embargo, era muy dado a representar obras clásicas de Shakespeare.

[1] CARRASCO, SANSÓN: Colección de artículos.  Tomado de

http://www.archive.org/stream/coleccindearcul00carrgoog/coleccindearcul00carrgoog_djvu.txt  páginas 65 a 92 del libro original.   Seudónimo del periodista Daniel Muñoz.

[2] Pensamos que realmente debió llamarse James, que es el nombre que suele traducirse al español como Santiago.  Respetamos la grafía de la época, pero el apellido debe escribirse McKay.   VB-L.

[3] Literalmente, el “escobero”.

[4] Poco conocida es la raíz afroide del tango porteño.  Sin embargo, conocida y estudiada en Uruguay y en Argentina.   Y efectivamente, con una raigambre del sincretismo venido del Candomble.

Para intentar mejor comprender este asunto, mezclado ya con el tango, he considerado de rigor transcribir unas palabras muy sencillas y por ello, muy sabias:

EL TANGO.    SUS ORIGENES

Oscar B. Himschoot

Los orígenes del tango se pierden en el tiempo.  ¿Fué producto de la habanera?, ¿del tango andaluz?, ¿de los ritmos negros?, de la milonga? aún no está determinado. Su mismo nombre también puede provenir de “tambo” palabra africana que designaba un baile y que deformada en tango designó el lugar donde los negros se reunían para bailar.

Lo cierto es que el tango nace aparentemente en la mitad del siglo pasado, quizá con “El Negro Chicoba” hace sus pininos a fines de siglo con “Tango de la casera”, “Al salir los nazarenos”, “Señor comisario”, “El queco”, “Bartolo”, “Dame la lata”, “Andate a la Recoleta”, “Pejerrey sin cola” y tantos otros y poco a poco se va afianzando con “Don Juan” en 1900, con “El Porteñito” y “El Choclo” en 1903, con “La Morocha” en 1905, con “El Taita” en 1907, hasta llegar al año 1917 en que se presenta en sociedad de la mano de Carlos Gardel con un tango de Pascual Contursi y Samuel Castriota, “Mi noche triste” en que no solo Contursi incia una temática que se afianzaría en el tango, la de la mujer que abandona al hombre, sino que incorpora un lenguaje distinto, el lunfardo, al introducir las palabras “amure”, “encurdelo”, “cotorro”, “campaneando”, “catrera y “bulin”. A partir de entonces y al amparo de la fama que obtuvo esta pieza fueron naciendo “Flor de fanjo” en 1917, “Margot” en el 19, “Zorro gris”, “Mano a mano”, “Ivette” en el 20 y toda una serie de tangos que hoy resultan clásicos e imprescindibles en los mejores repertorios.

El tango fue naciendo de la mano de músicos como Villoldo, Saborido, Gobbi, De Bassi, Castriota, Gardel-Razzano, Cobian y de letristas como Pascual Contursi, Celdonio Flores, Garcia Jimenez , Samuel Linning, Alberto Vaccareza y tantos otros a la vez que se iban transformando los trios y cuartetos en conjuntos de cinco o seis músicos y se llegaba a la orquesta típica con De Caro, Canaro, Cobian, Lomuto, Fresedo etc. etc.

Para esto ya el tango se había largado a Europa y conquistaba Paris y de allí, fortalecido en los centros elegantes de moda volvían a Buenos Aires traídos por los fifí de la época que aceptaron ese baile suburbano que los franceses le enseñaron a degustarlo y poco a poco el tango fue invitado a participar de los bailes de la aristocracia porteña y en cuanto lo dejaron meter el pié entró de lleno y se hizo presente como primer protagonista desplazando a la mazurca, al vals y más tarde al fox-trot, al shimy, al paso doble y a cuanta música foránea intentaba ponerse de moda. Pasaron los años y vino la primera guerra mundial, los músicos de avanzada en Europa volvieron al pais, pero regresaron después del 18 ya a España, ya a Paris.

Y llegó Gardel en su primera incursión a Madrid, mas tarde a la capital francesa y filmó y lo llamó Hollywood. El tango seguía en ascenso, invadía las pantallas y en Buenos Aires se multiplicaban los bailes, los bares tangueros y llegaban tangos como “Milonguita”, “Fumando espero”, “Julián”, “Buenos Aires”, “Organito de la tarde”, “La cumparsita”, “A media luz” y se incorporaban nuevos letristas, compositores y orquestas. 1939, de nuevo la guerra, el retorno de los músicos y la época de mayor impulso del tango. Por los años 40 dejó de entrar música foránea, nuestros músicos tuvieron más espacio, llegaron con el tiempo leyes de protección a la música folklórica y si bien un desubicado prohibió las letras con terminología lunfarda, nacieron poetas líricos: Manzi, Expósito,  Cadícamo, Le Pera etc. y fue la época de las grandes orquestas, D’Arienzo, D´Agostino, Di Sarli, Troilo, y más luego renovadores como Salgan, Maderna, Piazzolla y cantores de la talla de Alberto Castillo, Sosa, Maure, Goyeneche por nombrar solo algunos.

Terminada la guerra la música extranjera invadió los gustos de la juventud y el tango retrocedió, pero siguió vivo y en toda Europa, en América, en el Japón sigue teniendo una vigencia superior a la de Buenos Aires. No obstante ello la juventud está nuevamente saboreando el tango y así es que se multiplican las academias y los maestros de canto, y los Nito Nebbia, los Charly Garcia y los Baglietto se le animan y lo interpretan.

(http://www.radiomusicamagazine.com/Musica/Tango.htm)

Si lo notaron, entonces, el tango es un fenómeno vivo e inacabado.   Tiene una vigencia que es intemporal.  Nunca pide estar en un nicho pero siempre que se lo voltea a ver, está en uno.  Nadie lo sabe bailar pero cuando lo ven o lo escuchan, casi todo mundo  quisiera dar unos pasos, sea a la argentina, sea a lo apache.  Entonces, por donde lo veamos (aunque algunos autores están algo confundidos y no pueden creer que Mackay fuera panameño, y lo hacen cubano, canadiense y de otras nacionalidades; entre estas personas Luiza de Andrade), es importante rescatar no del olvido sino de la nada existencial donde ha estado todo este tiempo a Germán Mackay.

Marinha Villalobos, por su parte, nos especifica además, haciendo ligazón con la fase  teatral de Mackay, que éste, era actor consuetudinario del Teatro Victoria, y lo niega José Algorta, para quien el tango es un fenómeno sin raíces africanas aunque sí acepta a Mackay.

Habría que hacer un busto en su honor.  Un premio de música o teatro.  Es muy meritorio para ponerle el nombre de una pequeña calle de alguna nueva barriada y en un letrero, poner su nombre y la transcripción del verso que lo llevó a la fama por otros caminos ajenos al teatro propiamente dicho.

 

CONCLUSIÓN.

Si es que se puede llegar a una conclusión, es necesario ahondar investigaciones para obtener más información de este panameño desconocido que se hizo  grande en el exterior, al menos por las dos razones expuestas.  Como actor dramático, que ya es mucho decir, y como fortuito iniciador de lo que se convertiría en el Tango Porteño.

Por menos cosas le han puesto en otros países el nombre de una calle, de una plaza, de un premio, de una sala de teatro.   Ojalá y en Panamá le demos el último hogar a tan distinguida personalidad del pretérito.

Y es bueno mencionar que no es el único.  Y vienen otros artículos en Panahistoria de otros panameños desconocidos.  O “cosas” desconocidas.

¡Saludos!

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8 comentarios »

  1. aca tengo al bisnieto de mackay jajajaja mueran de envidia 😀

    Comentario por Matias Carro — 31 de julio de 2015 @ 10:05 PM

    • Soy Carro Matias y Alberto Mac´Kay ( mi abuelo) ❤

      Comentario por Matias Nahuel Carro — 31 de julio de 2015 @ 10:07 PM

      • Y les digo mas……mis abuelo (Alberto Mac`Kay) es Medico, asi que Don santiago estaria contento

        Comentario por Matias Nahuel Carro — 31 de julio de 2015 @ 10:13 PM

        • Hola Matías. Creo que contaste un poquito menos de lo debido: este personaje es de 1840, por lo que sería tu tátara-tátara abuelo. Si gustas nos explicas y a lo mejor eres sobrino tataranieto o primo tataranieto de este señor.

          Comentario por Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. — 8 de agosto de 2015 @ 12:36 PM

  2. ayer olvide decile mi direccion de correo electronico- aldojrotman@gmail.com
    espero contactarme con usted.aldo

    Comentario por aldo jorge rotman — 3 de enero de 2015 @ 9:52 AM

  3. BUENOS ARTICULOS VLADI.
    MAESTRO RUBEN HO GUERRA

    Comentario por Rubén Ho Guerra — 5 de junio de 2013 @ 6:33 AM

    • Merci beaoucoup mon amie!

      Comentario por Panahistoria — 21 de junio de 2013 @ 5:59 PM


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