PANAMÁ Y SU HISTORIA por Vladimir Berrío-Lemm desde 1995.

26 de julio de 2012

UNA EXPO NECESARIA PERO… ¿“SUBLIMINAL”?

Filed under: Panamá - Historia — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 3:51 PM

Por: Vladimir Berrío-Lemm

Recientemente se abrió al público una lucida exposición documental y cartográfica en el Archivo Nacional.   Da gusto ver que este edificio, al que Belisario Porras calificó como “templo”, esté viviendo días mejores, con mantenimiento, nuevo personal, laboratorios y una especialísima sala de exposición que lo pone a la cabeza de Hispanoamérica, y le ha hecho acreedor del honor de recibir exposiciones documentales originales provenientes del famoso y maravilloso Archivo General de Indias, de España.  Fue buena idea pasarlo al patronato del Registro Público, obra también creada por el tres veces presidente Dr. Porras.

Ojalá y se logre mantener este estándar de eficiencia y servicio al pueblo.  Es real motivo de orgullo.

La exposición a la que nos referimos consta de 24 documentos venidos de Colombia.  Un poco menos que la venida del Archivo de Indias en España.  Se hizo un obsequio de recuerdo consistente en una bella bolsa de henequén con una taza, un plegable, un catálogo y otro plegable de cartulina.  Estos elementos en unión de la tarjeta de invitación, estaban hermosamente logrados.

Esta exposición, en su catálogo, tiene una palabras del Director del Registro Público, de rigor y buenas.  Igualmente otras palabras por parte de la Directora del Archivo Nacional, también de rigor y buenas.  El criterio fue presentar un catálogo con textos sobre fondos de imágenes tratadas, a las que, por cierto, le dieron enmarcado como de sellos postales, o sea, con “dientecitos”.  Da un buen acabado con algo de antique.  Resumiendo, está muy bien logrado.

Ahora bien, después de las líneas del Director del Registro y de la Directora del Archivo, vienen otras palabras…

No estamos seguros si son de la Comisaria de la exposición, en cuyo caso hablaríamos de la Licenciada Cecilia Mitre, pero en realidad no tienen nombre ni al inicio ni al final, y por el texto leído, más parecieran haber sido escritas por un colombiano que por una persona panameña.  De esto hablaremos luego.

Continuando con la Exposición y el Catálogo, nos referimos al título:

POR LOS CAMINOS DEL PANAMÁ COLOMBIANO.

NUESTRO PASO POR LA  GRAN COLOMBIA.

82 años de historia.

Esto nos da un marco temático y cronológico.  De 1821 a 1903.

Pero también deseamos hacer una referencia.  Sólo los colombianos acostumbran usar aún en tiempo presente la expresión Gran Colombia.   La Gran Colombia es una expresión para referirse al Estado Republicano de Colombia ([1]), y que va de 1821 a 1831.  Gran Colombia era por excelencia, un término para referirse al antiguo territorio que incluía a Venezuela, Colombia, Ecuador, parte de las Guayanas y Panamá.  De modo que de los 82 años de historia, 72 fueron de historia colombiana, no grancolombiana.   De allí nuestra frase que habían unas palabras que parecieran haber sido escritas por un colombiano, que no por una persona panameña.   Y  son pegajosas.  Se emplean en otra parte.

PORTADA DEL CATÁLOGO

Pero el título nos lleva a hacer otra reflexión.  Nos llama la atención que en el catálogo hay imágenes que no tienen que ver con la exposición en varios casos, y por otro, menciona documentos que tampoco están en la exposición y que se exceden en el marco cronológico al pertenecer a la etapa republicana, como es hablar de la Convención del Canal Ístmico de 18 de noviembre de 1903, a la que le damos familiarmente el nombre de Tratado Hay-Bunau Varilla.  Y también se habla de acontecimientos excedidos en el pasado, como llevarnos al período colonial mencionando el Sitio del Ancón.

Mencionamos esto no por criticar la exposición, que nuevamente indicamos, es de 24 documentos correctamente elegidos y ubicados en el tiempo.   La exposición está bien y no tiene vuelta de página.  Lo mencionamos porque cuando España hace exposiciones documentales del período en que ellos gobernaban Hispanoamérica, ellos no tiñen su catálogo con elucubraciones si las razones que llevaron a la independencia de sus colonias fueron buenas, malas, mal inspiradas o vistas como una lucha de clases.  Muestra los hechos, cronológicamente concatenados, ofreciendo información suscinta de qué trata el documento y dónde está ubicado para mayor comodidad de quienes deseen verlo posteriormente en el Archivo General de Indias en Sevilla o de donde se hayan obtenido los fondos expositivos.

Por ser más explícitos, en las exposiciones que hemos tenido venidas de afuera, no sólo en el Archivo Nacional, en los catálogos no se hace mención de punto de vista ni de interpretación ideológica de los documentos presentados.   Se presentan y punto.  La función social de la exposición es mostrar documentos a los que el gran público difícilmente podría acceder visitando su sede física usual.

INICIO DE LOS TEXTOS QUE AQUÍ SE COMENTAN

Si se quiere aprovechar la exposición para un ciclo de conferencias, por supuesto que también se puede, y allí sí se puede tener invitados que hablen de la historia como hecho cronológico, dándole vida a los documentos con explicaciones del contexto histórico paralelo en que los documentos surgieron.  También a personas que quieran hacer gala de un análisis económico o sociológico DEL PERÍODO en que se produjeron los documentos.  No de los documentos en sí.

A los panameños no se nos conoce como un pueblo culto, dado a la lectura meditada y comprensiva y mucho menos a la investigación.  Más bien, y tampoco es una crítica, como un país donde sus habitantes pueden pecar de cierta ingenuidad al confiar en lo que otros dicen sin detenerse a preguntar sobre lo dicho.

El punto de vista de interpretación materialista de la historia, elimina cualquier tipo de ideal en los movimientos que han cambiado la historia de la humanidad, incluida nuestra independencia de España y nuestra separación de Colombia.  Más bien se ocupa de inculcar en estudiantes que no tienen criterio formado, una manera de pensar en donde los actores dejar de ser héroes para convertirse en casi una partida de sociópatas que decidieron hacer un cambio para favorecer sus propios intereses, preocupándose por mantener al pueblo bajo sus pies.  Esta manera de pensar es uno de los paradigmas que debemos romper.   Es sacar de contexto una información y colocarla en otro, haciendo decir a un documento lo que nunca quiso decir.  Lo triste es cuando alguien lee esto, y lo acepta como un hecho ante el cual no hay más que aceptarlo.

La función de la historia es narrar transparentemente al pueblo, los hechos que nos han llevado a ser lo que somos.  Buena parte de las piezas para construir el edificio de nuestra identidad provienen de la enseñanza actual de estos acontecimientos cronológicamente concatenados.  Cada ciudadano tiene el derecho de poner en duda lo que aprendió, y para ello deberá embarcarse en una aventura investigativa que le lleve a tener claro si lo que aprendió era como se le enseñó, o si fue amañado o adulterado de alguna manera.

Si lo que somos, o cómo llegamos a serlo, puede ser objeto de un análisis sobre su nocividad, proclividad o bondad, eso es, precisamente, entrar a analizar los hechos.  Y entonces vendrá un sociólogo, a los que fascina interpretar la historia, y nos harán un cuadro vistoso “según su punto de vista” y unilateralmente.  Vendrá un economista y hará lo propio.  Vendrá un profesional en “x” área del conocimiento y que tiene inclinaciones por la interpretación materialista de la historia, y nos dará un cuadro bastante distinto de los anteriores.  No sé si se entiende a dónde queremos llegar.  La palabra “unilateralmente” está incluida por una razón muy sencilla: en la tierra de los ciegos, quien sea tuerto será rey.  O sea, la totalidad de la población no es socióloga, economista o filósofa.  Por tanto, escribir desde un punto de vista a un público que es lego en la materia, es como un contrato de adhesión: acéptalo porque tampoco puedes hacer nada al respecto.  Además, es un punto de vista; no se trata de un análisis ecuménico o incluyente sino excluyente.

¿Por qué mencionamos estas cosas?  Leamos un párrafo del catálogo:

Suele afirmarse que durante todo el siglo XIX Panamá luchó por separarse de Colombia, y que la evidencia de ello son cuatro actas separatistas.

SEGUNDA PARTE DEL TEXTO COMENTADO

Esto podrá decirlo un colombiano que ha leído los libros de historia panameños y que, por supuesto, no está de acuerdo con lo que dicen porque los colombianos no gustan aceptar que tienen defectos y mucho menos en lo que toca a la pérdida de Panamá.  Tienen que haber sido los panameños  de su cuenta o instigados por otros  los que ocasionaron la pérdida.  Y también puede haberlo escrito una persona panameña, que la historia no es su formación académica y que lo que sabe del tema ha sido contaminado por el punto de vista de interpretación materialista.

Pero sigue diciendo el mismo párrafo:

La mayor parte de lo dicho respecto a estas actas ha sido sacado del contexto por una historia leída de manera provinciana, perdiendo la perspectiva del conjunto de lo que ocurría en Colombia, para dar un toque de integridad “nacional” a los sucesos de 1903.

PARTE FINAL DEL TEXTO COMENTADO

Al buen entendedor, entonces lo que ocurrió en 1903 no es íntegro ni nacional.  Lo de visión provinciana, es algo peyorativo por más que sea cierto que éramos una provincia.  Pero una provincia, como decían los colombianos, con ideas muy claras de protagonismo en donde la propia Colombia no era bienvenida.  Es obvio que algo ocurrió en el país, que dio pie a una toma de decisión rumbo a la separación.  Eso no está en duda.  Pero el punto de vista será siempre local, no global.

Se menciona que hay 4 actas.  Consideramos que son más y en Colombia se suele indicar que en Panamá hubo al menos 25 revueltas con fines separatistas.  Pero ciertamente lo documental prima sobre lo narrado.

Existe un acta de 26 de septiembre de 1830.  Es cierto que indicaba una vuelta al seno nacional si se daban una condiciones políticas en Bogotá.  Esto no es impedimento para mantener la separación indefinidamente si dichas condiciones no se daban, lo que es igual a “tomar por su propio camino”, que aunque no enunciado, queda implícito leyendo el articulado del acta.  Las condiciones no se dieron de la manera esperada, pero se dieron, y Panamá realizó acta de re-unión con un profundo malestar explícito, pero indicando que lo hacía bajo términos Federales.  En realidad esto prueba que sí se tenía un punto de vista global, y no periférico.  Luego de la re-unión, las cosas no cambiaron según nuestra expectativa.

Hay otra acta de 9 de julio de 1831 que indica una segunda separación.  La coyuntura de inestabilidad política en el Istmo permitió manipular la situación desde Bogotá, con lo que el intento quedó como un anhelo frustrado.

En 1832 hubo un malestar generalizado.  No consta en Panamá un acta separatista o de intenciones, pero sí un intento de unirnos a la recién independiente República de Ecuador ([2]).  Al buen entendedor, pocas palabras: ¿cómo podría haber una intención de unirse a Ecuador, si previamente no hay una intención de separarnos previamente de Colombia?   La intencionalidad de lo posterior nos indica la existencia de lo anterior, aunque tal vez no conste por escrito en nuestros archivos.  No le llamemos intento, pero sí conato.

En 1840 se dio otra acta el 18 de noviembre, mediante la cual se declara no sólo la separación (por la crisis e inestabilidad política que imperaba en Colombia en general) sino que además se crea una entidad jurídica llamada Estado del Istmo y se le dictó constitución.  Sobre esto creemos que no hace falta profundizar porque está más que documentada con lujo de detalles.  Un año después Panamá se re-unía con Colombia dado que en Bogotá se argüía que el centralismo no era efectivo y se requería el federalismo.  Lamentablemente, como otras cosas, sólo quedaron las palabras y ningún hecho.

El marco de esta separación es una de las 6 guerras civiles que asolaron Colombia durante el Siglo XIX.  El cáos del centro espantó a los panameños que para no dejarse arrastrar por la vorágine, optaron por caminar solos.  Esto no es un hecho sacado del contexto nacional, sino obrado por la perspectiva regional, igual que los anteriores.

A veces no hay actas ni documentos específicos que hablen de modo oficial de una tendencia.  Pero también a veces los medios de comunicación se convierten en testigos de lo que ocurre.  Por lo que se puede leer en las ediciones de 20 septiembre de 1850, anteriores y posteriores, en Panamá hubo nuevo malestar por los desmanejos y despropósitos bogotanos y sólo se recoge que hubo una “reprimenda” ejemplar a quienes  no estuvieran de acuerdo con el status-quo.  Y la situación fue que por problemas financieros internos, se ventiló la opción de vender el Istmo de Panamá al mejor postor para pagar deudas con el producto de este acto.  Esto fue presentado el 19 de abril de 1850 al Congreso colombiano por el Dr. Romualdo Liévano.  Aunque la moción fue desechada, la noticia llegó a Panamá y la indignación fue grande pero aplastada “a tiempo”.

En 1860 y con motivo de mutilamiento progresivo al Estado Federal colombiano, en Circular del Presidente del Estado Soberano de Panamá de 4 de junio de ese año, José de Obaldía indica que al Istmo no le quedaba más camino el que adoptaría de emanciparse para siempre de la desorganización de la Confederación Granadina ([3])  Por si fuera poco, aunque no hubiera Acta oficial de Panamá, sí existen las de Chiriquí y la de Veraguas.  La primera firmada el 31 de marzo y la segunda de 21 de marzo, donde se insta a Panamá a declarar la separación ([4]).

La diplomacia bogotana y también la existencia de un ejército reorganizado hicieron posible que Panamá se re-uniera con la antigua Colombia federal, pero anotando que en 1863 se creaban los Estados Unidos de Colombia.

1868 fue un año de disconformidad regional en Chiriquí, y aunque se planteó una revuelta muy pequeña, la misma llamó la atención de los istmeños, conmocionó a Veraguas y se dejó ver un plan de insurrección de occidente hacia oriente.  El 27 de marzo la Presidencia del Estado Soberano de Panamá se declaraba en situación de urgencia.  Al levantar el informe de la investigación final, luego de vuelto al control, el Coronel Nepomuceno Herrera, líder de la insurrección, declaró que ante la situación política general de la Nación y especial del Istmo, era preferible una separación que un continuismo

1885 fue un año especial por la realmente anómala situación que se vivió en Panamá, tanto en la capital como en Colón.  El saldo de una ciudad destruida, bandos encontrados, orden subvertido y en fin, hasta una declaratoria por parte de los insurrectos en Colón de declarar la Separación de Colombia si se reconocía como legítimas sus aspiraciones, fue el corolario del momento.

Aquí hay que hacer un paréntesis antes de seguir, y retornar al pasado pero desde otro punto de vista.

En efecto, en 1826 a nadie se le ocurrió hacer una declaración de Separación, porque en esos momentos Panamá era el punto de atracción de la entonces existente Gran Colombia.  Y aún pese a ese protagonismo, no sólo en Panamá se hablaba de la pertinencia de re-crear los ideales y relaciones de las Ligas Hanseáticas.

Por otra parte, hay que entender que en Panamá se entendió muy pronto que con su poca población y gran territorio, siempre tendría problemas para existir como Estado independiente, sobre todo con las intromisiones británicas.  Por ello siempre se retornaba, mal que bien, al seno colombiano.   Pero siempre se instó a que se nos diera un status de neutralidad permanente por un lado, y por otro, que se nos dejara ser una provincia autónoma, con estatuto federal.  Esto no se vino a conseguir hasta 1855, y se demostró que lo hacíamos muy bien.  Tal vez esto nos dejó “infectados” que ahora sí estábamos listos para hablar a futuro de una separación en regla.

El llamado Incidente de la tajada de sandía, del 15 de abril de 1856, entre otros incidentes, hizo sentir a la ciudadanía panameña que ante un hecho acaecido entre panameños y extranjeros, Colombia le daría la razón a los extranjeros, dejándonos en la indefensión.

Retomando el tema, el 18 de octubre de 1899 es la fecha en que se considera inició la llamada Guerra de los 1,000 días, inició del otro lado del Río Atrato pero terminó en la Bahía de Panamá.  Y la orden de desembarco de tropas estadounidenses que obligaron a los contendientes a firmar un tratado de paz, fue solicitada por el propio gobierno de Bogotá ([5]).  Y también ocurrió en la vorágine de acontecimientos, precisamente en 1899 también alguien revivió el tema de poder vender el Istmo de Panamá, cosa que ni siquiera llegó al tapete oficial, pero que sí llegó a oídos panameños y ocasionó una repulsa que no llegó a más precisamente por las hostilidades de la Guerra.

Haber sufrido un conflicto que según los entendidos costó cerca de 80,000 vidas y que duró un total de 1,123 días, también ayudó a que en el ánimo panameño cada vez estuviera más honda la idea de obtener su independencia definitiva.

La tarde del 12 de agosto de 1903, el Senado colombiano reunido en Congreso rechazó la única esperanza que tenían los panameños de resurgir de sus cenizas, siendo parte de Colombia, como era la aprobación del Tratado Herrán-Hay, que permitía la construcción de un canal por Panamá por parte de Estados Unidos.

Sólo con lo que hemos redactado aquí, que no es lo único, es más que suficiente para que muchos ciudadanos de otros países se pregunten cómo en Panamá no ocurrió la separación antes de 1903 de modo definitivo.  La cuota de sacrificio y solidaridad estaba sobradamente saldada y sobregirada.

Entonces, las múltiples causas que podrían enumerarse como prolegómenos para el 3 de noviembre de 1903, entre las que están las políticas (inestabilidad de Bogotá y evidente muestra de desgobiernos y corrupción entronizada), sociales (sueños e ideales por parte de los distintos sectores sociales que no cuajaban por falta de un liderazgo a la manera centralizada) y claro, administrativas (desgarramiento de la población colombiana entre quienes abogan por un modelo centralista y los que defienden uno federalista) son, precisamente, parte del rosario de consideraciones a tomar en cuenta cuando se habla del por qué Panamá decidió poner punto final a una relación que duró 81 años, 11 meses y 6 días que se acostumbra redondear a 82 años.

Entender el punto de vista panameño, realmente es fácil.  Pero si uno no está claro en lo que ocurrió y no maneja las fuentes, también es muy sencillo escuchar o leer el punto de vista colombiano sobre lo de 1903 o verlo bajo el lente de la interpretación materialista de la historia, y también creerlo, pasando a denigrar lo anterior.

Nuestro pensamiento es claro: un catálogo para una exposición documental, sólo debe presentar el marco referencial neutro de los documentos en sí.  No debe brindar puntos de vista personales.  ¿Se dan cuenta los amables lectores de la polémica que unos párrafos de un catálogo pueden generar?  Insistimos que las piezas documentales presentadas están en perfecto orden y que todo esto se origina por haberse insertado pensamientos personales en algo que debió permanecer neutro.

Felicitamos a las autoridades del Registro Público así como al Archivo Nacional de Panamá y el rico Archivo General de la Nación, en Colombia.   Y que sigan haciendo tan meritorias obras.

26 de julio de 2012 (6).


[1] Tal como se indica en el Acta de Independencia de Panamá de España, del 28 de noviembre de 1821.  Nota del autor.

[2] TACK, Juan A.: “Cronología de la época de unión a Colombia”, en Revista Tareas N° 11-12, páginas 25-26, Panamá, 1963.

[3] CLARE, Horacio: Correspondencia diplomática y consular entre Panamá y Estados Unidos. Publicaciones de la Revista Lotería, Impresora Panamá, 1965, páginas 42: PEREZ, Felipe: “Anales de la Revolución”, citado en VALDÉS, Ramón : “La Independencia del Istmo de Panamá, sus antecedentes, sus causas y su justificación”, aparecido en La Estrella de Panamá del 18 de noviembre de 1903.

[4] Estrella de panamá, Edición #143, 28 de marzo de 1861.

[5] ORLANDO MELO, Jorge: La república Conservadora: Colombia hoy.  4ª Edición, Bogotá: Siglo XXI Editores, 1985, páginas 65-66.

(6)  Hemos usado varias referencias específicas, pero también de modo general: BERRÍO-LEMM, Vladmir: “Panamá, tierra, gente, legado… Centenario.   Aproximación a las raíces del hombre panameño”.  Ediciones del Istmo, 2003, Tomo III.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

¡COMENTA ESTE ARTÍCULO! Es muy importante para mí.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: