PANAMÁ Y SU HISTORIA por Vladimir Berrío-Lemm desde 1995.

22 de octubre de 2012

DICEN QUE EN PANAMÁ NO OCURREN TERREMOTOS… ¿Sí o no?

Filed under: Panamá - Historia — Etiquetas: , , , , — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 10:38 AM

Hola.

Cuando de niño me enseñaban que en Panamá no ocurrían terremotos, me sentía muy bien.  En mi labor investigativa hallé documentación que sí habían ocurrido movimientos sísmicos tipo terremotos en diversas épocas.   Ciertamente no son comunes, pero aunque sean espaciados, no es para decir que no existen.

Deseo transcribir completamente lo que se pudo recopilar del movimiento sísmico del 7 de septiembre de 1882.  Será un homenaje mudo a las personas que lo vivieron y sobrevivieron, y también para quienes no lo sobrevivieron.

Nos abre de una manera casi despótica lo ocurrido con una naturalidad y practicidad digna del lenguaje periodístico.   Este es un homenaje conmemorativo al sismo más estudiado de Panamá, sin menospreciar el del 3 de mayo de 1621 o el de 1990.  Yo soy un investigador de la historia y usualmente luego de leer y comparar, analizo y produzco un documento escrito.  Esa es mi labor.  Pero cuando algo existe, no es tan extenso, se explica igual o mejor que lo que yo habría hecho… ¿para qué modificarlo?   Me honro en respetar tal documento y me limito a transcribirlo para el conocimiento y beneficio de muchas personas.

 

Fondos bibliográficos y virtuales de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, Colombia.
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/panama/pan19.htm

El gran terremoto del 7 de septiembre de 1882 – Sus efectos en Panamá, Las Cruces, Colón y Taboga – Una ola de marea en el Golfo de Panamá – Pérdida de vidas, etc. – Otros temblores en Colombia.

En la madrugada del 7 de septiembre de 1882, me desperté con el presentimiento de que alguien había entrado a mi cuarto en el hotel, había sacudido mi cama y se había metido debajo de ella. Me senté en la cama y miré alrededor del aposento, pero no pude ver nada, sólo la luz de la luna. No pude comprender lo que pasaba y salí al balcón del hotel. Mientras estuve en él, de pie (trataba de encontrar la causa de lo que me había despertado) todo el edificio tembló violentamente y escuché un sonido sordo y aplastante que nunca olvidaré.

El balcón en que me encontraba tenía unos cuarenta y cinco pies sobre el nivel de la calle. Antes del temblor y cuando iba hacia mi cuarto en ese piso, miré para ver lo que podía hacer en caso de incendio. Tan pronto la terrible vibración comenzó, salté por la barandilla y bajé por la otra de la casa adjunta. Entonces alcancé el piso y corrí tan rápidamente como pude. Al llegar al final me encontré con una casa diez pies más abajo. La única idea que tuve en ese momento fue la de que no me gustaría morir como una rata aplastada en una jaula. Como carecía de experiencia sobre los terremotos en los trópicos, no comprendí que éste era uno de ellos. Después del violento temblor todo quedó tranquilo, volví sobre mis pasos, trepé por un balcón y llegué al otro del hotel. Mi vecino era Don Pedro Merino, que intentó escapar de su cuarto por una puerta en el pasillo superior, pero estaba trabada y no la pude abrir. Vino a mi habitación y me dijo que en toda su experiencia en la América Central, nunca sintió una sacudida más violenta. Entré a mi cuarto y tan pronto me di cuenta de que era un terremoto, miré mi reloj, eran las 3.20. Mi tina de baño parcialmente llena desde la noche anterior, había derramado parte del agua de en el piso, por el estremecimiento del edificio. También unas botellas cayeron y otras se rompieron se rajaron los cielos rasos y las divisiones, y en algunos lugares, se desprendieron. Las paredes del fondo del fuerte edificio, que alcanzaban dos pies de espesor, mostraban una apertura de casi dos pulgadas. Nos vestimos rápidamente, salimos y cuando llegamos al pasillo de abajo, encontramos a todos los sirvientes reunidos. El edificio en que vivíamos era la sucursal o anexo del Grand Hotel y estaba en el punto más alto de la ciudad, por lo que aquí se sintió más la vibración que en los edificios de las partes más bajas. Encontramos que los sirvientes colombianos, estaban sumamente asustados, porque cuando ocurrió el primer temblor, abrieron la puerta del frente para salir a la calle, pero las tejas del techo caían como lluvia. Inmediatamente después, y antes de que llegáramos a la plaza principal, pudimos darnos cuenta de que toda la ciudad estaba en movimiento. Se escuchaban exclamaciones de terror, en las calles había una muchedumbre excitada que en su mayoría portaba velas. Entramos a la plaza un poco después de las tres; pues cuando se siente algún terremoto cerca de la gente no le toma mucho tiempo vestirse.

Nunca olvidaré la escena en la plaza. Estaba atestada de personas que habían llegado a salvo, porque salieron al exterior para alejarse de los edificios que amenazaban con desplomarse. Todavía había un poco de luz ya que la luna estaba en cuarto menguante. El zumbido y la excitación de las voces en la plaza era algo sorprendente. Algunos vestidos, otros a medio vestir y unos con las sillas que trajeron; una dama bastante mayor, perteneciente a una de las familias más viejas y distinguidas de Colombia, la encontraron muerta sentada en una. Era un viejo caso de enfermedad del corazón y sólo requirió esa excitación para matarla.

La fachada de la catedral cayó en escombros sobre las escaleras de piedra en frente del viejo edificio. El Cabildo quedó destruido. La parte inferior era un claustro de viejo tipo español, con columnas y arcos. Arriba de éstos había otra serie que formaba el balcón del frente con su techo. Este último, con las columnas cayó a la plaza y muchas de ellas se rompieron en grandes fragmentos, mientras que una parte del techo principal del edificio se desprendió. El frente quedó destruido. Aunque el edificio de la Compañía del Canal no mostraba ningún daño visible, había sufrido fuertes rajaduras y de repetirse un temblor de igual intensidad, probablemente se vendría abajo. Tan pronto amaneció fue posible percatarse de que los arcos de la catedral quedaron deteriorados.

Al empezar el día todos parecieron recobrar algo de su valor, porque si hay algo que acobarda, es sentir que la tierra tiembla violentamente debajo de nosotros y oir el ruido de los edificios. El daño en la ciudad fue enorme; muchas paredes se cayeron y también ocurrieron algunos accidentes. Un doctor en leyes se asustó, se tiró de un balcón y se quebró una pierna. En una casa de la Calle Real, un hombre y su esposa se levantaron de la cama en el preciso momento en que la pared del edificio adjunto caía a través del cielo raso, enterrándola debajo del débris*. También debo agregar que en la catedral varios santos salieron de sus nichos. La vieja torre de la Capilla de Ease, al lado opuesto de la Quinta de Santa Rita, se desprendió y cayó sobre una cabaña de madera, de la cual acababan de huir sus habitantes. La única pérdida de vidas en la ciudad de Panamá fue la de la anciana que murio en la plaza.

A medida que la mañana avanzaba nos reunimos y se comenzó a especular sobre el epicentro del terremoto. La mayoría creía que la onda viajaba hacia el sur desde América Central. En ese entonces, se encontraba en la bahía el buque cablero Silvertown, un barco enorme que pertenecía a la India Rubber, Gutta Percha y Telegraph Company, de Londres, Inglaterra. Acababa de completar la labor de tender los cables de la Compañía de Telégrafos de Centro y Sur América, desde Perú hasta el Istmo y de allí a Méjico. El jefe de personal de la Compañía, el señor Robert Kaye Gray, F. R. G. S., se encontraba en tierra. Después de escuchar todo lo que la gente comentaba acerca del sismo y de examinar algunos edificios, y el hotel donde me encontraba, al cual consideró más dañado, opinó que el origen del terremoto era local. El cable de la Compañía de Telégrafos de la West India y Panamá, que se extendía desde Colón a las Indias Occidentales y de ahí a la Florida en los Estados Unidos, quedó destruido. Estábamos incomunicados desde ese lado y no podíamos obtener noticia alguna del mundo exterior. Las líneas del cable se habían colocado con todo éxito en Centro y Sur América pero todavía estaba en manos de los contratistas, o de la compañía del señor Gray.

Los intereses de esa Compañía estaban representados por el señor J. H. Stearns, un caballero cuya patente por la telegrafía doble le dio renombre en el mundo científico. Gracias a su cortesía, pude enviar un mensaje a la prensa, el primero sobre su línea de cables a Nueva York. Envié cuatrocientas ochenta y cinco palabras al Herald.

Estya imagen muestra la situación de Panamá respecto de las placas tectónicas oceánicas del Pacífico (Nazca y Cocos), del Atlántico (Caribe) y las placas tectónicas continentales de América del Norte y América del Sur. Estamos como flotando sobre el sitio en que convergen todas ellas. De hecho, es menester hablar del MICROBLOQUE DE PANAMÁ.

Más tarde obtuvimos información de lo que aconteció en otros lugares. La tripulación de los barcos anclados fuera de las islas Naos y Flamenco se despertó de su sueño (la que no estaba en servicio) imaginándose que había encallado o que arrastraba sus anclas. La isla de Taboga, situada a nueve millas de Panamá sufrió un fuerte temblor y parte de un importante desfiladero cayó al mar. Algunas personas vinieron a Panamá desde Colón y fue entonces cuando supimos que allá el terremoto, fue peor que acá. Desde la ciudad de Colón hasta la Baila Mona, el ferrocarril de Panamá quedó casi inservible. En algunos lugares, la cama de la vía se hundió. En otros, se salió totalmente de la línea, y en el mismo estado se encontraban una veintidós millas. El puente, de más de seiscientos pies de largo, en Barbacoas, se salió ligeramente de su línea.

Al hablar de Morgan y del Río Chagres se han hecho referencias a la población llamada Cruz entonces, o Las Cruces de hoy. Este último poblado no está muy lejos de una de las principales líneas férreas en el Istmo. Antes del terremoto, poseía una iglesia construida con rocas sólidas; el edificio literalmente cayó en pedazos. Sus ruinas las fotografió M. Demers, jefe del servicio fotográfico de la Compañía Interoceánica del Canal de Panamá. Ninguna pared de más de cuatro pies quedó intacta. Después supimos que en una pequeña aldea, entre Colón y Panamá, se perdieron varias vidas.

Mis lectores ya tienen conocimiento de Colón, en el Atlantico. La mayoría de sus edificios son de madera. La violencia del temblor fue tal, que se tiraron pilas de tablones, colocadas de la manera usual. Por la terrible experiencia que tuvimos en Panamá, es seguro que allí la violencia del sacudimiento fue mayor; ya que las personas que trataron de caminar perdieron el equilibrio. También hubo algunos accidentes. Como suele suceder en tan terrible circunstancias, la mayoría de las gentes pierden la cabeza. Hombres fuertes, que en accidentes comunes han pasado cualquier cosa, se sentían indefensos como los niños. Cuando la luz del día cayó sobre Colón, se vió que una gran abertura atravesaba la isla. Comenzaba cerca de la piedra principal de los cobertizos de carga de la Compañía de Ferrocarril de Panamá, a todo lo largo de la calle del frente, hasta el terraplén que unía la isla con tierra firme. Más tarde se notó también que una grieta se extendía paralela a la ribera del Río Chagres. Se localizó a unas tres millas y variaba en anchura, desde varias pulgadas hasta una pequeña rajadura, que se cerraba más adelante en una oscuridad abismal.

Me dijo el Señor Burn, un inteligente contratista norteamericano, que estaba recolectando metales en las colinas entre Colón y Panamá, que en su campamento los hombres se cayeron de sus pies y que una mula se cayó y rodó varias veces.

Este fue el temblor del primer día. A la mañana siguiente, como a las cinco, hubo otro. Yo no me atreví a quedarme en el hotel, ya que quedó bastante deteriorado. Los edificios más altos estaban virtualmente abandonados y todos los que pudieron salir de la ciudad se fueron al campo, a dormir bajo toldas o en cualquier otro sitio que pudieran obtener. El comercio se paralizó totalmente; los enfermos olvidaron sus dolencias y el único tema de conversación era el de los temblores . Un amigó, ahora residente en Santo Tomás, me ofreció un alojamiento improvisado arriba del Banco Colonial. Mientras nadie sintiera miedo, la sociabilidad era intensa. A la mañana siguiente, a las 4:53, hubo otro violento estremecimiento y rápidamente nos vestimos y salimos a la calle. Como suele suceder, el pueblo entero se encontraba despierto; todos nuestros temores reaparecieron y una sensación de inminente desastre se apoderó de todos.  Cuando se aclaró el día fuimos a la plaza de Santa Ana, y recuerdo muy bien las primeras pinceladas de la luz a lo largo del horizonte, y de la deliciosa quietud con la que la recibíamos.

Si las fuertes sacudidas durante el día son peligrosas, en la oscuridad de la noche resultan realmente de espanto. En la segunda noche después del sacudimiento, acepté una invitación de otro amigo, cuyo edificio no estaba tan alto como el del banco.

Mi anfitrión siguió un ingenioso método, muy conocido en ‘los países en donde ocurren con frecuencia. Y en mis cartas a la prensa lo titulé “El detector de temblores de Stearn”. Colocaba dos botellas de sodas y cierta cantidad de botellas de mineral sobre sus picos. Cualquier movimiento las haría perder la estabilidad y darían la alarma. La sacudida esa noche fue muy pequeña y a la tercera noche dormí en el hotel, por decirlo así, ya que todos, estábamos trastornados por una tensión nerviosa tan intensa que no había que pensar en un sueño reparador. El edificio de la Compañía de Cables, en el que pasé mi segunda noche, se encontraba en tan malas condiciones que una de sus paredes se tuvo que sostener y apuntalar. En ese tiempo la Compañía del Canal de Panamá tenía un mareografo en Colón y se registró algo así como un maremoto, tal como lo indicaron los trazos perpendiculares hechos por el aparato.

Existe la impresión general que “las noticias”, pero, como una excepción de la regla, pudo declarar que no fue sino un mes después de los hechos cuando recibimos información en el Istmo, de que un enorme maremoto destruyó algunas de las islas en lado Atlántico, en la vecindad del Golfo del Darién; arrasó con ellas y se llevó ranchos y habitantes; unas sesenta y cinco personas perecieron. Parece que el centro de la alteración sísmica estaba un poco hacia el sur de Panamá, y en dirección casi opuesta el viejo Istmo del Darién. De allí el maremoto que arrasó con las islas del archipiélago y los temblores que violentamente estremecieron al Istmo .

Recogí datos durante los “temblores”. Después del quinto día no hubo ninguno fuerte, pero sí unos cuantos pequeños. De ellos tengo notas y registros por docenas.

El tercer estremecimiento violento ocurrió al cuarto día, casi a las once p.m., cuando, al igual que en los otros, me sentí feliz de entrar a la Plaza del Triunfo y encontrarme en un espacio abierto. La única idea que teníamos en mente ante las circunstancias era la de estar lejos de los edificios o de cualquier cosa que pudiera caernos encima. Mientras estuvimos en la Plaza, la gente hablaba entre si, ya que las formalidades desaparecen en estas circunstancias. Hubo violentas sacudidas y en una calle cercana a nosotros se aglomeró mucha gente, por la considerable excitación que causaron los gritos de una mujer histérica.

En la tarde de ese día, una vieja conocida de un amigo mío, visitó su casa y como avanzaba la noche, le pidió el favor de que la dejaran quedarse. Le dieron un cuarto y una hamaca. A la mañana siguiente del último temblor, vieron que ella no se levantaba y pensaron que se había quedado dormida. Más tarde, al ver que no se movía, se acercaron a su hamaca y la encontraron muerta; otro caso de enfermedad del corazón, cuyo fin se debió a la alteración nerviosa.

La imagen nos muestra un catálogo de la sismicidad del Istmo de Panamá.

Sin querer hacer alarde de valentía, pienso que hasta ahora no me faltó el valor que es común a la mayoría de los hombres. Pero después de esa experiencia, durante varias semanas, mientras permanecía en la quietud de mi cuarto durante la noche, rodeado de paredes resquebrajadas, me estremecía de pies a cabeza cuando le permitía a mi mente divagar sobre las horrorosa escenas vividas. Fue una experiencia aterradora. Si hay algo que acobarda, es un temblor de esa clase, que sacude un edificio, lo hace pedazos, destruye parcialmente una vía férrea y siembra el desastre y la destrucción, como aquel espantoso terremoto del 7 de septiembre de 1882.

Tan pronto me fue posible obtener datos verídicos, envié una serie de cartas al Montreal Gazette,las cuales se publicaron in extenso.** Después se llevaron a cabo, varias discusiones científi cas en el viejo mundo, tales como cuál sería el efecto de los temblores en el canal una vez construido. Los científicos opinaron que el terraplén en el lado por donde vinieron las ondulaciones sufriría más, y que un terremoto de esa violencia afectaría seriamente cualquier canal.

Cuando pude, inicié una prolija investigación relacionada con la historia de anteriores sacudimientos en el Istmo, ya que desde que me instalé en Panamá nunca tuve conocimiento de ellos, ni tampoco escuché nada relacionado con esa franja de tierra. Por los típicos “viejos habitantes” me enteré del terremoto ocurrido en el otoño de 1858, el cual destruyó considerablemente a Cartagena en el Atlántico y también causó grandes daños en la ciudad de Panamá. Supe que, hace más de un siglo, el país se estremeció espantosamente desde Santa Fe de Bogotá hasta Panamá, y se perdieron cerca de cien mil vidas. Unos diez años antes del terremoto de 1882, hubo un violento temblor en Antioquia, al sur del Istmo. Un pueblo o aldea llamada Cúcuta, literalmente se destruyó y más de cinco mil personas perecieron***. Parece que los terremotos en Colombia no son una invención moderna.****

Hay una notable característica relacionada con el período de movimientos sísmicos en Panamá, que no debe pasar inadvertida. Posiblemente, mis noticias al New York Herald se cablegrafiaron al extranjero y provocaron el pánico entre los accionistas de la Compañía de Monsieur de Lesseps; a pesar de las declaraciones de éste célebre hombre, los terremotos siguieron hasta trastornar nuestros nervios y contradecir a tan distinguido personaje francés.

Hay otra declaración al respecto. Aquellos lectores que conozcan el histórico Congreso de París de mayo de 1879, reunido para considerar el proyecto del canal de Panamá, recordarán que Monsieur de Lesseps descartó cualquier ruta por Nicaragua por el hecho de ser una tierra de terremotos, y que la única válida fue la de Panamá. La interpretación que uno le puede dar a tal declaración es, que Monsieur de Lesseps escogió la ruta de Panamá, antes de reunir a sus científicos; sólo así, él, un hombre inteligente pudo hacer tal declaración, la cual revela una ignorancia total sobre el pasado del Istmo; Humboldt, aquel infatigable viajero y gran autoridad en la materia, se refiere a la peculiar formación de algunas partes de Colombia y a los terribles cataclismos que debieron suscitarse allá en épocas remotas.

En los últimos días***** supe que la cercana República del Ecuador fue sacudida violentamente por terremotos, tan fuertes, que produjo pánico entre sus habitantes ¿Qué efectos tendrán tales sismos en un canal a nivel o en cualquier otro tipo de canal? es fácil de imaginar, y cualquiera explicación se hace innecesaria.

 +   en francés el original

++   en latín el original   

+++  Star & Herald, Panamá, 1878

++++ Humboldt’s Travels

+++++  abril   1888

Por otro lado, tenemos una noticia que no puede negársele el carácter científico, que redondea lo que el artículo anterior nos manifestó y que también ayuda a tener una mejor percepción de nuestra realidad sísmica.

La imagen nos explica el surgimiento del Istmo de Panamá: la Placa del Pacífico “chocó” con las de las Américas, partiéndose y originando las de Cocos y Nazca. Todas entran en un “forcejeo” tectónico que agrieta el lado Atlántico y surge la Placa del Caribe. El empuje de unas a otras concluye con la subducción, esto es, el hundimiento de las placas venidas del Pacífico que empiezan a meterse bajo las de América y el Caribe.

 

El Sismo del 7 de septiembre de 1882.

 http://seisan.ingeominas.gov.co/RSNC/index.php?option=com_jevents&task=icalrepeat.detail&evid=504&Itemid=0&year=2012&month=09&day=06&uid=5d5415d9d77b7adcbbc0e699aebc71cf

El jueves 7 de septiembre de 1882, a las 3:19 a.m., hora local (08:19 UT), se registró un fuerte sismo de magnitud 7.8 (Ms) en el Mar Caribe al norte de Panamá, con epicentro estimado en 10º latitud norte y 79º longitud occidental.

En Colón quedaron inservibles muchas casas de bloque y algunas de madera; la casa de fletes sufrió daños de consideración y varias viviendas colapsaron. El ferrocarril que comunicaba a las poblaciones del interior con Colón quedó destruido en varios puntos. Se registraron siete personas muertas y algunos heridos.

En Miguel de La Borda, Gatún y Las Cruces, que también hacen parte de la Provincia de Colón, se presentó la destrucción de algunas construcciones. En Portobelo quedó averiada la iglesia, la aduana y varias viviendas de la población.

En la Provincia de Panamá, se presentaron daños en Ciudad de Panamá donde se agrietaron los muros de muchas viviendas y otros colapsaron. El edificio de la Compañía del Canal, el Cabildo, la Catedral, la iglesia de Santa Ana, la Iglesia de Malambo y la de San Miguel, entre otras, quedaron averiadas. En La Chorrera y Rio Indio, algunas edificaciones quedaron semidestruidas.

En la capital de la Provincia de Coclé, Penonome, hubo pánico entre la población y daños en la torre de la iglesia y en numerosas viviendas.  Fue sentido en otros sitios como en Los Santos, Macaracas, Chitré y Nata, sin causar daños en las construcciones.

El sismo generó un tsunami que afectó principalmente el Archipiélago de San Blas, donde varias olas de más de 3 metros de altura, produjeron numerosos daños en la mayoría de las islas y causaron la muerte de 65 personas.

Además del tsunami, hubo otros efectos en la naturaleza, como agrietamientos del terreno, los cuales se presentaron entre Gavilan y Punta Mala, con una anchura de 10 metros y también en Colón, donde se observaron agrietamientos en algunas partes de la población, en especial en la Calle del Tren. Se presentó licuación de suelos en Miguel de la Borda.

Por su parte, en Colombia, fue sentido en Cartagena. En Riosucio (Chocó), se reportó la formación de un cráter del que salía arena, y en Turbo (Antioquia), una fuente termal inundó la población.

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1 comentario »

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