PANAMÁ Y SU HISTORIA por Vladimir Berrío-Lemm desde 1995.

14 de diciembre de 2012

PRIMERA CIUDAD DE PANAMÁ

Filed under: Panamá - Historia — Etiquetas: , , , , , , — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 10:42 AM

Por: Vladimir Berrío-Lemm

Ponencia en el Primer Congreso del Patrimonio Histórico Nacional, Tomo II de las memorias.  Ligeramente corregida en 2012.

 

PROLOGO

La historia de la Ciudad de Panamá la primera, siempre ha sido objeto de estudio, de charlas, investigaciones, descubrimientos, elucubraciones, de leyendas blancas y negras, y de un cumulo de desconocimiento, ignorancia y desamor tal, que hoy por hoy, nadie de seguro, conoce la verdadera, corta pero interesantísima historia de nuestra Ciudad madre.

Y en la mañana de hoy, segundo día de este Primer Congreso Nacional del Patrimonio Cultural, no trataremos de mostrar esa riqueza interesante que en  cuanto a historia, posee lo que hoy día llamamos Panamá Viejo, sino simplemente una recapitulación histórica, cronológica, urbanística y estética, que brinde luces al respecto y provoque en el Auditorio el deseo de profundizar esta historia que aún no conocemos.

ORIGENES

Siempre se olvida que para hablar de la Ciudad de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, no se debe empezar a partir del 15 de agosto de 1519, cuando fue fundada, pues ese no es su origen. El origen de esta ciudad tiene antecedentes mucho más antiguos y remotos.  En el pasado precolombino ya era un sitio de paso de oeste a este y del Mar Caribe al Océano Pacífico. Los hallazgos arqueológicos así lo prueban.

La costa NorOriental del Istmo entró en la Geografía Universal cuando Rodrigo de Bastidas recorre este litoral en 1501. El Istmo Noroccidental lo hizo cuando entre finales de 1502 y principios de 1503, Cristóbal Colón lo recorre maratónicanente en su último viaje. Y desde la tierra del permanente “ver agua”, el Almirante estuvo a punto de hallar su tan buscado mar hacia la especiería en los predios del sukkia-Quibián ([1]).

En 1508 la costa Norte de América del Sur es repartida en las Capitulaciones que Diego de Nicuesa y Alonso de Ojeda hicieron en La Española. Y de su reparto devino dos años más tarde, luego de una sangrienta y desigual batalla, la fundación de Santa María La Antigua del Darién en 1510, en donde el conocimiento de la riqueza aurífera se hizo notorio, dando inicio al capítulo de los descubrimientos de tierra firma, siendo por otra parte, la punta de lanza de la conquista continental.

La entrada en escena de Vasco Núñez de Balboa ocasionó la ruta del descubrimiento de “la Mar del Sur”. Cruzando el Darién con carracas desarmadas a cuestas, reconstruyéndolas luego, zurca las aguas del actual Golfo y Bahía de Panamá, sabiendo ya la existencia del Imperio Austral ([2]).

La llegada de Pedro Arias de Avila supuso por una parte cimentar la presencia en el Istmo, que se traduce en la creación de una serie de eslabones de puestos de avanzada, que del Darién concluyeron en primera fase a dos kilómetros o algo más de una pesquería llamada Panamá en 1517.

La muerte de Núñez de Balboa por Arias de Avila produjo un espasmo de resultados inesperados: desde 1513 La Antigua era la Capital del Reino de Tierra Firme y sede de su Diócesis y Casa de Contratación. No obstante, ahora se vela detentada en beneficio de cumplir Reales Cédulas de fundar nuevas poblaciones en las tierras descubiertas. Por ello el Gobernador Arias de Avila decidió continuar la exploración del Pacífico en los propios barcos de Núñez de Balboa. En esta exploración se percate de la riqueza circundante, de lo estratégico que resultaba el ábside de la hoy Bahía de Panamá, y del beneficio que traería fundar una población que permitiera hacer una escala técnica de descanso y lanzara como trampolín a las hordas de conquistadores a la caza del Perú.

Por ello, desembarca en la desembocadura del Río Gallinero, estudia el lugar, y el 20 de julio de 1519 ordena desbrozar una extensa porción de tierras ([3]).

El día 15 de agosto de 1519, con la presencia del Obispo Vicente Peraza, el Gobernador ordenó plantar un estacón de madera en lo que habría de ser una Plaza, colgando del mismo el blasón real, y tomando con su diestra la espada en cruz y con su siniestra un puñado de tierra que lanzó a los cuatro vientos, hizo el signo de tomar posesión de estas tierras en nombre de los Reyes Hispanos desafiando a quien se le opusiera. Dando unos golpes sobre el estacón (lo que sería más adelante la “picota del rey” y símbolo de su autoridad), hizo formal acto de fundación de la población de Panamá, ubicada en el predio de la pesquería llamada Panamá, la abundante. Y el centro de la población quedaba a orillas del río tierra adentro lejos del mar ([4]).

La imposibilidad de obtener alimentos marinos por un lado, la capacidad de estar al tanto de los desembarcos en Punta Judas y la desembocadura del Río Gallinero por otro, hacen que el centro poblacional pronto se traslade hacia la costa, absorbiendo con ese acto a la pesquería.   Por otra parte, como el lugar no era muy sano, y al existir un promontorio rocoso en un extremo de la costa, apto para un “morro” alto, las autoridades deciden ubicarse cerca del mismo para fiscalizar mejor el asentamiento y los viajes exploratorios al Oeste y al Sur.

Enterados en España de la importancia que este pedazo de tierra tendrá para la Corona, el 15 de septiembre de 1521 el Emperador Carlos V elevó a Panamá al rango de Ciudad. No obstante, era un simple villorrio de casas parecidas a las indígenas, hechas con caña brava, quincha, bejucos, pencas, con pisos de tierra apisonada, sin calles, plazas ni higiene. Y peor aun, los resultados de la expedición que en 1524 cuando Francisco Pizarro a la conquista del Perú, provocó una avalancha de inmigrantes que llegaron a Panamá, se instalaban, sembraban, traían ganado, granos e implementos de trabajo, pero que sólo permanecían unos meses mientras tenía la posibilidad de trasladarse al Perú o al istmo centroamericano.

Muchas veces la Ciudad quedaba casi despoblada y a veces tan repleta, que nunca se podrían tener datos precisos de los primeros años de vida de la primera Panamá. Y ni siquiera podría contarse entre sus habitantes a los aborígenes, pues su hábitat había sido destruido y su etnia soberana sofocada. Las encomiendas y sistemas de residencia no favorecen aun la urbanística. No obstante, el uso de una ruta que viniera del norte y otra que fuese hacia el este, demarcó pronto un esquema de cuña que sería empleado nocivamente como eje de orientación para la Ciudad.

En 1534, y en razón que La Antigua era una Ciudad despoblada y destruida, se oficializó su traslado a Panamá para la cual se destinó como IV Obispo al dominico Tomás de Berlanga. Este sacerdote sólo permaneció diez meses en la Ciudad, pero le bastó para obtener un ventajoso terreno para la construcción futura de una Catedral.  Luego partió al Perú.

Reconstrucción de cómo pudo verse la Catedral de San Atanasio en la Primera Panamá.  Berrío-Lemm, V., y Solórzano S., Irwing.

Reconstrucción de cómo pudo verse la Catedral (llamada de San Atanasio por algunos) en la Primera Panamá. Berrío-Lemm, V.

El hecho de existir un predio para un edificio religioso relevante, y que cerca estuviese la Casa Consistorial o Cabildo, prueba que en esa esquina, y no en el centro geométrico, estaba el corazón político-administrativo de la Ciudad. Y ello mercó la pauta para que casi a la orilla del mar estuviera lo que sería Plaza Mayor de la Ciudad. Necesariamente, los vecinos se dieron a la tarea de orientar sus propiedades según esa paute, dando un poco de orden a sus viviendas, construyéndolas de madera y en algunos casos con cimientos de piedra.

Un poco de prestigio vino como consecuencia de ser elevada la Ciudad al ser sede de la Real Audiencia en 1538, y por supuesto, un incremento de sus habitantes, pero no en la estabilidad y permanencia de los mismos. Ahora Chepo y Natá eran sitos de peregrinación para apostarse luego hacia Nicaragua y su montaña de oro ([5]). Castilla del Oro atraía con su encanto, pero las riquezas tangibles obtenidas de la explotación del Alto Perú continúan atrayendo como meta habitacional y de enriquecimiento.

Para 1550 Nuestra Señora de la Asunción de Panamá era conocida en el mundo entero cato “la tacita de oro” debido a su reducido tamaño y a la necesidad de depositar en ella los miles de toneladas de oro y plata que provenían de América Central y del Sur, para luego trasladarlos a Nombre de Dios a través de los recién abiertos Caminos de Cruces y Real, para finalmente despacharse con rumbo a España. Algunos edificios tendrían a lo sumo soportes o elementos aislados de piedra, pero siempre como base a estructuras de madera con techos de teja.   La prueba de ello será el incendio que en 1549 devastó la urbe por el descuido de un herrero ([6]).

Tomando como base un plano de 1609 (Cristóbal de Roda) el vicealmirante Shafroth hizo una nueva versión en 1948 que fue modificada por Berrío-Lemm en 1992.

Tomando como base un plano de 1609 (Cristóbal de Roda) el vicealmirante Shafroth hizo una nueva versión en 1948 que fue modificada por Berrío-Lemm en 1992.

Las ciudades fundadas en el Pacífico de América y algunas de tierra adentro requerían artículos manufacturados en plata, madera, cerámica, etc., los cuales eran suplidos desde Panamá gracias al establecimiento de artesanos que fundaron hornos de cerámica mayólica y talleres de platería, herrería y orfebrería. No obstante, si bien la Ciudad crece hacia el Norte, el Sur y parte del Oeste, no puede hacia el noroeste por existir terrenos cenagosos e insalubres, y hacia el Este por rodearla las aguas. En varias ocasiones se pensó trasladar la sede física de la urbe a un lugar más seguro y sano, pero siempre se desechaba la idea ([7]).

PLANO 2

El hecho que el centro político-administrativo-comercial de la primera Panamá no estuviese en el centro de un cuadrado sino en una esquina, hecho confirmado por el espacio que terminó siendo despejado para uso de Plaza Mayor, y el que los pantanos no pudieran ser cegados, determinó la forma definitiva de la urbe, que en lugar de redondeada, acorazonada, rectangular, estelar o cuadrada, tuviese, estrictamente, la forma de un triángulo rectán­gulo-rectángulo; un triángulo isósceles si se agrega el Morro. Por supuesto, el Gobierno Civil y militar, al observar lo dificultoso de llegar por tierra a la ciudad por sólo dos rutas (el Camino Real y su empalme con la Carrera de Santo Domingo, y el Camino de Cruces y su empalme con la Carrera a Natá y Calle de la Carrera), nunca se preocuparon en fortificar esa sección. Por el lado del mar, la gran diferencia de mareas del Pacífico ocasionaba que ningún barco se acercara peligrosamente a la costa. Incluso, el desembarcadero de Punta Judas y el de la Calle de los Calafates quedaron inservibles pronto, y se tuvo que usar la Isla Naos en combinación con un desembarcadero en tierra firme, dominado por una eminencia que con el tiempo se llamó Sitio y Cerro del Ancón en el Camino a Natá.

PLANO 3

En 1609 el Ingeniero Militar Cristóbal de Roda hizo un croquis a mano, de seguro de memoria de lo que vio y recordó de su estadía en Panamá. El mismo nos indica perfectamente la ausencia del diseño ortogonal en cuanto a urbanística. Por el contrario, nos muestra la anotada escuadra o triángulo demarcada al Norte por el Puente del Rey, al Sur por la Plaza Mayor y al Oeste por el Puente del Matadero (si se desea el modelo del triángulo-rectángulo; el isósceles varia el punto Sur al Morro de las Casas Reales). La base y la altura tenían por límite el mar, mientras que la hipotenusa era demarcada por terrenos insalubres. El plano deja indicación notoria de lo aseverado: la Plaza Mayor está ubicada en un extremo y no en el centro de la Ciudad. Cuando las calles sobre las cuales se ve el eje urbano tampoco están en el centro sino tiradas a un cuadrante como un cuadro aritmético de “Z”, se confirma lo anotado.

PLANO 4

Lo anterior se explica por lo que fue el nacimiento de la urbe (de lo cual no hay constancia documental), la cual nunca se pensó en realidad como tal, como ciudad, sino como simple puesto de avanzada, de atrincheramiento, de abasto, de trampolín y de aduana para el resto del continente. Nótese que en 1550, cuando los nietos de Arias de Avila se levantaron contra Carlos V, lo primero que hicieron fue tomar Panamá, para estrangular la vía de acceso española a las riquezas continentales y para que el continente no tuviese respaldo militar. Otro tanto para la América Central ([8]).

PLANO 5

Incluso, cuando se construye en piedra la Catedral, su torre-campanario se hizo más bien pensando en una pequeña guarnición militar de tres pisos con un campanario orientado a los cuatro vientos en donde ubicar un espejo de faro para la navegación nocturna y para el avistamiento de flotas enemigas. Sólo dos iglesias tuvieron torres de piedra a la mitad con coronamiento de madera: el resto no poseyó ese ornamento o lo tuvieron de madera.

Los edificios de la Muy Noble y Leal Ciudad de Panamá, Capital del Reino de Tierra Firme, sede de la Real Audiencia y Cancillería del mismo nombre y cabecera de su propia Capitanía General, si bien fueron muy amplios, cómodos, de planta baja y hasta dos pisos de piedra y tal vez un tercero de madera, en adición a los edificios que poseían criptas, sótanos y subterráneos, fueran o no intercomunicados por túneles, debió tener un aspecto atractivo por ese carácter abierto sin murallas, un aspecto indecoroso por la proliferación de cantinas y burdeles para la entretención de la guarnición fija y de paso, y un aspecto innoble mientras sus calles no se empedraron. Puede aseverarse, luego de una visita concienzuda a sus ruinas, que los edificios bien pudieron tener portales pavimentados de baldosas o de piedra, pero no aceras circundantes. Las entradas, como se observa en la mayoría de los edificios, sí tenían desniveles de uno o más escalones ascendentes, lo que nos hace vislumbrar la urbe como una pequeña Venecia en temporada lluviosa, convertidas sus pocas, estrechas y torcidas calles en canales, y las casas con fundamento de piedra, pero que en su interior serían verdaderos palafitos cuya planta baja debió estar separada del nivel de la calle en al menos dos pies.

Una Ciudad que como lo prueba otra visita para inspeccionar sus paredes y vigueros, no poseyó escaleras de piedra a los pisos superiores, sino de madera, excepción hecha de la escalera de caracol de piedra de la torre catedralicia, derribada por el movimiento sísmico del 3 de mayo de 1621 ([9]) y el arranque de otra escalera en las Casas Terrín y la tallada en la roca volcánica subiendo al sector de la Ciudadela.

Que sus edificios, salvo las excepciones de los que poseyeron criptas, bodegas u otro tipo de subterráneos, no conocieron pisos sostenidos por bóvedas de ladrillo o piedra para las plantas superiores. Que hasta sus hornos de cerámica estaban ubicados fuera del radio urbano y en áreas deshabitadas (actual Jardín de Paz en el caso del más grande). Con estructuras que tenían balcones de diverso tipo con techo sostenido por columnas de madera con celosías de encaje según los estilos de fines del Siglo XVI y principios del XVII, si nos atenemos a los estilos imperantes en esas épocas, que seguramente fueron copiados en América.

Una Ciudad cuyas calles, trazadas sin posibilidad de brindar sombra en las horas de extremo sol ni cobijo en las de extrema lluvia, con miasmas enfermizas y olores desagradables, cuyo abasto de agua potable estaba a unos dos kilómetros por la costa en el actual Río Juan Díaz, entonces Río de las Lavanderas, pero que estaba plagada de brocales y algibes por todas partes para surtir de agua dura y salobre con que solventar las labores de limpieza, encalamiento y para los animales; rara ciudad desfavorecida estéticamente pero que contenía las riquezas más grandes que ojos humanos jamás osaron imaginar.

Una ciudad completamente distinta a las demás de América, en que incluso su Catedral, se construyó de nodo que la torre, si bien quedó mirando a la Plaza Mayor, está en la parte trasera o testero del templo, pues por presumibles carencias técnicas, en lugar de orientarse su fachada hacia la Plaza, lo hizo hacia la Carrera del Obispo, fungiendo su puerta lateral oeste como “Puerta del Perdón”. Una urbe realmente espaciosa, que si hacemos caso de las medidas hispanas y las transformarnos al sistema métrico decimal, llegó a medir 45 hectáreas estrictas, y tal vez 50 incluyendo arrabales. Para su medida, superficie, densidad arquitectónica de piedra y de habitantes, hay que anotar, no podemos basarnos en el plano de Cristóbal de Roda de 1609, pues hubo un lapso de 62 años entre ese levantado y la destrucción de la ciudad en 1671 ([10]). Puede consultarse material gráfico para ponderar lo aseverado, al igual que un rústico y empírico levantado del aspecto que debió ofrecer la Catedral de San Anastasio, con lo cual se comprueba que si bien fue un centro poblacional pobre ornamentalmente, tuvo pretensiones de gran ciudad en medio del desconcierto de su urbanística no planificada pero operativa.

Este es un raro plano levantado antes de 1980 entre el Ministerio de Obras Públicas, el Instituto Nacional de Cultura y el Instituto Panameño de Turismo donde se ve la realidad urbana.  Ver con cuidado la superposición del hoy sobre el ayer.

Este es un raro plano levantado antes de 1980 entre el Ministerio de Obras Públicas, el Instituto Nacional de Cultura y el Instituto Panameño de Turismo donde se ve la realidad urbana. Ver con cuidado la superposición del hoy sobre el ayer.

Baste agregar que cuando Francis Drake sin éxito y Henry Morgan con demasiado éxito, atacaban el Istmo de Panamá con intentos de llegar a la Ciudad de Panamá, no lo hacían por la riqueza urbana, porque no habían Catedrales ni Palacios con mármoles, bronces o incrustaciones de oro o perlas, sino por la riqueza intrínseca de la posición geográfica, la aduana de riquezas y la posibilidad de estrangular el imperio español de América del Sur ([11]).

Recordemos que el ataque de Morgan a Panamá fue sabido desde el 20 de diciembre de 1670, y el ataque se realizó entre el 6 de enero y el 24 de febrero de 1671. La población fue movilizada al igual que las riquezas, mientras que el Gobernador ordenó prender fuego a los depósitos de pólvora y municiones para no dejar que el Corsario la tomase como centro de operaciones, pues con ello habría permitido una punta de lanza para cercenar el Imperio, tal como escribió posteriormente a la Reina Gobernadora Mariana de Austria. Y la toma de la Ciudad supuso la pérdida de 3,000 vidas humanas, que dice mucho en favor del número de habitantes que tenía a enero de 1671.

No se puede pretender ahondar más en este tipo de disertaciones, pero para cualquier información adicional o apreciaciones in situ, estamos a la entera disposición de los distinguidos panelistas y público asistente.

475 ANIV PRIMERA PANAMA 35

475 ANIV PRIMERA PANAMA 25

475 ANIV PRIMERA PANAMA 20

475 ANIV PRIMERA PANAMA 15

 

Deseamos dar fin así a esta ponencia, esperando haber sido lo suficientemente claros en esta síntesis de 152 años de historia.

 Estamos a la orden de la concurrencia si desean hacer alguna pregunta.

Muchas gracias.

 

 

 


[1] VELARDE B., Oscar: Notas históricas sobre Nombre de Dios, Revista Patrimo­nio Histórico #1, Vol. 2, INAC, Panamá, 1978.

[2] DE LAS CASAS, Fray Bartolomé:  Núñez de Balboa descubre el Mar Pacífico, en Historiadores de Indias, Txertoa  Editores, S.A., Vizcaya, España, 1984. También MÉNDEZ PEREIRA, Octavio: Núñez de Balboa, Espasa-Calpe, S.A., VI Edi­ción, Madrid, España, 1972.

[3] CARLES, R. D. y LOMBARDO V., A.: La historia vuelve a transitar las rutas del Darién en Informe del Subcomité del Darién para el VII Congreso Interamericano de Carreteras, Editora Panamá América, Panamá, 1957.

[4] CARLES, R. D. y LOMBARDO V., A.: opus citatum.  También: discurso del Embajador de España en las sesiones solemnes de cada 15 de agosto

[5] ROMÁN, José: Los Conquistadores, Gráficas Centro, Madrid, España, 1966.   Sección documental.

[6] CASTILLERO, Ernesto J.: Cosas y Sucesos de Antaño; Del Pasado, en Revista Lotería, Segunda Época, en general.  Lotería Nacional de Beneficencia, Panamá.

[7] CARLES, Rubén D.: PANAMA VIEJO, sin datos editoriales, Panamá, ¿1972?

[8] Para los párrafos anteriores consúltese, entre otros:

ROMÁN, José, Opus Citatum

ARAÚZ, AROSEMENA Y CONTE: Antología de la Ciudad de Panamá, Tomos I y II, INAC, Panamá, 1977.

BERRÍO-LEMM, Vladimir: Catedral Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, ilustrado, inédito, Panamá, 1983-1990.

REVERTE, José: Operación Panamá, EDAF, Madrid, España, 1977.

[9] CASTILLERO, Ernesto: El terremoto del día de la Cruz, Revista Lotería #209, Impresora Panamá, 1973.

[10] BERRÍO-LEMM, Vladimir: Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, historia de 3 ciudades, inédita, ilustrada, Panamá, 1983-1991.

[11] ARAÜZ, GASTEAZORO Y MUÑÓZ: la Historia de Panamá en sus Textos, T. I, EUPAN, Panamá, 1979.

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