PANAMÁ Y SU HISTORIA por Vladimir Berrío-Lemm desde 1995.

18 de noviembre de 2015

175 ANIVERSARIO DEL ESTADO DEL ISTMO

Filed under: Panamá - Historia — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 7:06 PM

Por: Vladimir Berrío-Lemm ([1]).

 

INTRODUCCIÓN

Nuestro país ha avanzado mucho en planos tecnológicos, financieros, de inversión, infraestructuras y hasta deporte, y eso nos llena de satisfacciones y orgullo.  Eso está bien.

Hemos retrocedido, en parte, y sin desear acusar de modo directo a nadie en especial, en el conocimiento de nuestras raíces y nuestra historia en todos los periodos al grado de sólo referirse con una frase a un acontecimiento al que antes se ofrecía una o dos páginas y se le daba el color y la profundidad necesarias para internalizarse debidamente.  Hoy vemos que acontecimientos de primera magnitud como la vida de Tomás José Ramón del Carmen de Herrera y Pérez Dávila  o su obra máxima, el Estado del Istmo, además de su mención, no nos llevan a ningún apartado útil con el cual mantener una conversación culta y edificante en proyección de Patria.

Afortunadamente este año se rescata la memoria de los175 años de la declaración del Estado del Istmo a la que nos referiremos por unos minutos esta mañana llena de historia y en el marco del Mes de la Patria.  Honrar honra.  No es el momento de desempolvar la ilustre biografía redactada por el eximio Ricardo J. Alfaro, ni la secuela que tuvo con la reseña de la doctora Concha Peña y los documentos publicados en su momento por la Revista Lotería en su segunda época.  Es de rigor que dichos impresos vuelvan a editarse para beneficio de las presentes y futuras generaciones.

CUERPO INVESTIGATIVO

Iniciaremos colocándonos en el contexto cronoespacial en que tocó vivir y actuar a nuestro varias veces héroe.

Siglo XIX en su primera mitad lindante con la segunda.  Continente americano, en la entidad política soberana que ha cambiado numerosamente de nombres y a la que por metodología sólo nos referiremos como República de Colombia.  Dos ejes marcan la geografía y tiempo de los acontecimientos.  El eje andino de Santafé de Bogotá, capital del Estado, y en general, una de sus provincias, llamada Departamento de Panamá.  Dentro de Colombia, cabe destacar un escenario casi rural, Pasto, con un enfrentamiento entre los gobernantes anti clericales y una población religiosa con un líder motivante.  El año específico 1839 y sus ramificaciones hasta 1841 de modo directo y hasta 1845 de modo indirecto.

La temperatura social venía del Incidente Russell de 1836 a 1837, donde Herrera tiene preponderancia y asume todavía más prestigio del ya adquirido en Junín y Ayacucho.  Y se dirigirá en su momento al Incidente de la Tajada de Sandía de 1856.  Eje transverso común: indiferencia y desacreditar a los panameños desde la capital bogotana.  Resultado sumativo: repudio a mantenerse como parte de esta entidad soberana.   Precuela precursora: declaración hacia el hanseatismo de 1826, separaciones de 1830, dictadura de 1831 y separación de 1832.  Secuela resultante: Estado  Federal de 1855 a 1885; separación de 1868, Incidente Prestán de 1885, Guerra Civil de los 1000 días de 1899 a 1902.  Proyección del legado sumativo: Separación del 3 de noviembre de 1903.

El rasgo personal del personaje, persona agradable, educada, de porte agraciado y aunque de ideas de avanzada, no intransigente y leal seguidor del Estado de Derecho mediante la sujeción de la constitución y las leyes.   Esto potenciado por una juventud madura y una energía efectiva.  Fiel al deber hasta retrasar para el estándar de la época su casamiento, y ya casado, abnegado al deber hasta tener separaciones hogareñas sólo superadas por el amor habido en la pareja y su descendencia.  Varias veces perdió su fortuna personal y otras tantas las logró rehacer y prosperar.  Hasta incursionó en el mundo de los comerciantes en un exilio en Ecuador.  Persona bien vista por Simón Bolívar, quien como hoja al viento lo alejó y ordenó luego ser vigilado.  Persona traicionada varias veces por los personajes que retorcían esa constitución y esas leyes cuando la luz de Herrera les impedía usufructuar poder y riqueza.

Catedral Metropolitana de Panamá

Placa que indica donde reposan los restos del prócer panameño General Tomas Herrera en la Catedral Metropolitana de Panamá

 

 

Su temperatura cívica nos lleva abrir su corazón.  Dispuesto a los ideales, decidido a atreverse a convertir en realidad los sueños de democracia y ejercer la ciudadanía con respeto a las normas jurídicas establecidas.  Militante al grado de formar parte de ejércitos y asumir responsabilidades, ser herido, declarado héroe y traidor a partes iguales, ser preso con cadenas en barcos y fortificaciones.  Querido y reclamado por muchos y odiado por pocos poderosos.  Llevado a ocupar diversos cargos públicos de alta envergadura militar o civil, es designado Presidente y asume en medio de una revuelta contra el Gobierno constituido entre abril y finales de noviembre de 1854, donde al delegar su jefatura a otros, acude al auxilio de la constitución y es herido con gravedad de muerte en diciembre.

Es una persona de la que no se puede hablar ni mucho, ni poco o de un tema definido porque su corta vida fue demasiado plena y llevada a niveles más allá de lo esperado.  Es digno no de una plaza y dos monumentos o designación de parte de un cementerio.  Es digno de una novela y de una película apoteósica.  Es una persona que encarna al perfecto servidor de la patria, al modelo de servidor público, al ideal de caballero social y al arquetipo de juventud sabia.  No admite términos medios.

escuela tomas herrera chitre

Centro de Educación Básica General, General Tomás Herrera, en Chitré, Herrera.

 

Habida cuenta de esta breve introducción, es que podemos iniciar una aproximación a lo ocurrido entre 1839 y 1841 con repercusiones hasta 1845, que es colocar en su contexto al Estado del Istmo.

De 1839 a 1842 ocurre en Colombia una fratricida contienda civil a la que se llamó GUERRA DE LOS SUPREMOS dado que eran 10 dirigentes que luego ascienden a 11 y que se daban como título esa palabra: supremos.  De hecho, es la primera de seis guerras civiles que desgarraron y des hermanaron a los colombianos durante el Siglo XIX y cuyas secuelas no terminaron en el Siglo XX ni dan señales de terminar en lo que va del XXI.  Su origen, curiosamente, se hace ver religioso cuando en realidad era ocultamente político.

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Billete de banco, 1865, Estado Soberano de Panamá.  Personaje: Tomás Herrera.

 

La presidencia de José Ignacio de Márquez es conocida por el decreto que ordena el cumplimiento de una ley de hacía 8 años, según la cual se cierran conventos y centros religiosos que no tuvieran cierta cantidad de miembros activos.   Esto repercute en el sur del país donde se inicia una doble acción. Una, liderada por ideales religiosos válidos, y la otra, política, por los que hacían contra a ese gobierno y se hacían llamar Los Supremos.  La Iglesia colombiana no protestó y colaboró.  El Gobierno vendería los bienes así cancelados y su producto empleado para mejorar la educación.  El rector del oratorio de San Felipe Neri se negó a ejecutar la orden y el pueblo de Pasto se puso de su lado.

MONUMENTO TOMAS HERRERA

Monumento ecuestre a Tomás Herrera, en la plaza del mismo nombre, ciudad de Panamá

 

Líderes de corte liberal se fueron declarando Supremos líderes de varias acciones bélicas y aprovecharon la coyuntura religiosa como hilo conductor de sus propios planes.  El Gobernador regional llegó a un acuerdo en Pasto pero el Presidente De Márquez lo desconoció.

Los lugareños de Pasto y sus religiosos, que dependían eclesiásticamente de una Arquidiócesis de Ecuador, declararon que se anexaban a ese país lo cual era un acto de traición a la personalidad del Estado por lo que fueron declarados rebeldes y desterrados.  Los liberales iniciaron acciones bélicas contra el Estado, y desde Bogotá se ordenó la movilización del ejército hacia el sur.

Los generales del Gobierno, entre ellos Mosquera y Alcántara dialogaron con el Presidente de Ecuador quien ofreció mediar para solucionar el conflicto siendo autorizado por su Congreso a enviar 2000 tropas que cruzaran la frontera de Colombia y ayudaran en Pasto.  Los colombianos resintieron esta intromisión pues recién terminaba la guerra limítrofe por el poder de Pasto, Popayán y Buenaventura en 1832.

MONUMENTO HERRERA 1875

Primer monumento a Tomás Herrera, 1860, originalmente en la Plaza Mayor, trasladado a la ciudad de Chitré, provincia de Herrera

 

Los liberales atacaron con saña aprovechando para desacreditar al Gobierno colombiano de débil con lo de Pasto, ineficaz al admitir tropas extranjeras e inepto por no poner orden en su propio predio lo que llevó después a tal presión política que De Márquez renuncia dado que se sumó además el escándalo de la muerte del General Santander.

Los seguidores de Santander exigían reformas gubernamentales, los liberales del sur y ahora también del centro y norte exigían poder y el país entró en un caos de modo que 15 de sus 19 provincias desconocieron al Gobierno y con ello las obligaciones de la Constitución de 1832.  Dicho de otra forma para ojos que miraran desde afuera, Colombia acaba de desintegrarse sin verse los esfuerzos bogotanos como sucedáneo de unidad.

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Plaza de Herrera, parecida a la foto desde 1850  hasta 1954.

 

Los antiguos bolivarianos y veteranos de independencia, los liberales moderados, el general Tomás Cipriano de Mosquera y Pedro Alcántara Herrán luchaban por reconstruir lo que ahora era un rompecabezas endiablado y forman el Partido de las Casacas Negras contra el monstruo multicéfalo de Los Supremos liberales de extrema.

El colmo llegó cuando las hostilidades rompieron contra Ecuador y entonces la capital bogotana tenía que hacer frente a su propia guerra civil más el grave estado de guerra con su vecino.  Contra todo pronóstico los Casacas Negras protegen a Bogotá y se declara un orden que nuevamente es amenazado por el ataque de otro ejército aparecido como por arte de magia.  Hasta los héroes independentistas eran vistos como reliquias para despertar la unidad nacional.

Para darle color y mayor efecto de realismo, citamos uno de los numerosos textos que hablan de este trágico período:

Para levantar los ánimos se hizo una procesión con el Jesús Nazareno de San Agustín, el mismo que había sido generalísimo de Antonio de Nariño . Fue sacado el General Neira en hombros de distinguidos caballeros y fue coronado de con una corona de laureles en la plaza mayor, en medio de estruendosa ovación. Mientras tanto, se acercaba la división del sur, al mando del general Pedro Alcántara Herrán y el ejército enemigo se retiró al norte.

 Para septiembre de 1841 y bajo la presidencia entregada a Mosquera el ejército central logró derrotar poco a poco a los rebeldes de modo que en algunos lugares sin lucha se reconoció al Gobierno.

No obstante los liberales Supremos en Santa Marta recibieron apoyo desde Jamaica pero el gobierno central solicitó a los ingleses intervenir a favor del gobierno a cambio de entregarles unos prisioneros británicos que habían sido apresados y condenados a muerte hacía un tiempo.  Las acciones llegaron al punto de entrar en escena el Ministro Británico para garantizar las no represalias de los sorprendentemente empequeñecidos Supremos.

Para el 29 de enero de 1842, la guerra civil concluyó como es costumbre, con destrucción desabastecimiento, muerte y un gran depósito de odio y frustraciones.  Había empezado con una simple orden ejecutiva de mayo de 1839.

El Departamento de Panamá no era tema de conversación ni parte de la beligerancia en una u otra postura.  Ese gran silencio empezó a estallar de modo muy especial y entonces se dan cuenta que uno de los héroes bolivarianos, Tomás Herrera, había declarado la separación del Istmo de Colombia y constituido un Estado Soberano.

Conocieron que Herrera, de modo silencioso y sin armas era, por lo que hizo, el onceavo Supremo por su calidad de Comandante Supremo del Istmo.

Entonces se pasa revista de este lejano y distinto Supremo y se logra entender su ejecutoria:

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TOMÁS HERRERA a caballo, a la izquierda, en idealización de cabalgata al combate con la infantería al fondo derecho.

Militar y estadista nacido en Panamá, el 21 de diciembre de 1804.  Estudió en el Colegio Académico de Panamá. En 1820 ingresa en las filas patriotas y es ayudante del comandante Fábrega hasta obtener la independencia del Istmo.

A finales de 1823 marcha al Perú en la división del coronel O’Connor y combate en Junín, Matará y Ayacucho.  Ascendido a capitán regresa al país en 1826 y en 1828 es ya teniente coronel, secunda a José Padilla en la sublevación de Cartagena y con él va preso a Bogotá y es condenado a muerte; tras el 25 de septiembre, se le conmuta por la pena de destierro.  

En 1830 regresa y se enrola en las filas constitucionales del general José Hilario López, contra la dictadura de Rafael Urdaneta, en grado de coronel efectivo.  Fue jefe del Estado Mayor de Cundinamarca, después marcha a deponer al dictador Juan Eligio Alzuru en Panamá consiguiendo el objetivo con las victorias de Albina y Río Grande.

Asume la Gobernación de Panamá hasta 1832 y después es comandante general del Istmo. En 1834 funda y preside la Sociedad de Amigos del País.  Asiste al Congreso Nacional desde 1837 y alterna estas funciones con las de jefe militar de su provincia.

 Y ahora…  ¡Presidente de un nuevo país!

Un joven con tan brillante hoja y contradicciones, ¿cómo habrá quedado inmerso en la Guerra de los Supremos sin haber participado ni él ni su tierra en la misma?

La respuesta la dio el propio Herrera cuando se intima al Istmo a regresar a la unidad como escucharemos en unos minutos.

La desolación y caos habidos entre 1839 y 1842, y que en su meollo implicó el reasumir la soberanía delegada desde 1821 era la única solución posible para un territorio como Panamá, lejos de la capital pero comunicado de modo múltiple gracias a los océanos.  Era  más fácil guardar relaciones y comunicación con países lejanos gracias a la navegación que con Bogotá con sus malas vías de comunicación.

En la investigación Panamá: Estado Independiente ([2]), escrito por Eduardo Del Valle y Fernanda Riviere, podemos confirmar estos pensamientos en su página 128:

Santafé de Bogotá la capital de la Nueva Granada se encontraba aislada en las montañas, lejos de los puertos y de las actividades comerciales, era ignorante de las relaciones comerciales internacionales panameñas, de su constante contacto con inmigrantes e importaciones y de su movimiento aduanero. Los comerciantes panameños eran muy dinámicos y tenían un gran contacto con el comercio mundial. Esta cobertura no solo favoreció el intercambio de mercancías, sino también de ideas, permitiendo que sus clases dominantes y en especial los comerciantes, asuman nuevas formas de pensar e ideologías; permitiéndoles conocer los postulados del librecambismo.

Mariano Arosemena retoma un lugar destacado después de su participación en la Independencia de 1821 y junto a otras personalidades, ciertamente en su mayoría comerciantes, dejaron escuchar sus voces sobre la conveniencia de dar por terminados los compromisos que mantenían unido al Istmo con Colombia por la guerra civil iniciada el año 1839.  Se llama a Herrera y se le pide liderizar un movimiento separatista que al principio no lo convenció, pero que luego decidió apoyar de modo casi heroico.

Fuera de lo anterior, y como nos ilustra el biógrafo panameño de Tomás Herrera, el ilustre Ricardo J. Alfaro:

Adicionalmente, la separación se precipitó, debido a que las clases dominantes de Panamá poseían pretensiones autonomistas, alimentadas por el aislamiento y estado económico en el cual se encontraba el Istmo con respecto al resto del país, sobre todo con la capital Santafé de Bogotá ([3]).

 El acta de 18 de noviembre de 1840 puede interpretarse como una declaración de independencia porque da los lineamientos para iniciar una vida soberana y que tuvo consecuencias jurídicas internacionales.  Igualmente como un pronunciamiento de un territorio que estaría dispuesto a volver a delegar su soberanía si la nueva entidad nacional a la que podría llamarse Colombia se constituye en Federación, para lo cual el Istmo enviaría sus representantes.  Carlos de Ycaza, Tomás Herrera, Mariano Arosemena, Nicolás Orosco y Tadeo Pérez de Ochoa son las personalidades sobre cuyos hombres reposa el acontecimiento.

Herrera, en su proclama pública de 27 de septiembre de 1841, ya escuchándose que del otro lado del Río Atrato se consternan y escandalizan por lo operado en Panamá, nos dice en su parte explicativa ([4]):

Tal era el resumen del estado político y militar de la Nueva Granada en noviembre de 1840; el pacto social de 1832 estaba roto y destruido: para el Istmo había dejado de existir el gobierno central, y por lo mismo, el principio de acción: la base indispensable de sus administraciones nacional, provincial y municipal; esta porción se encontraba de hecho en posesión plena del ejercicio de su soberanía, concentrado antes por tiempo y con condiciones en el gobierno general.  Deliberó, pues, libremente, y como el efecto de una deliberación libre es una resolución voluntaria, resolvió constituirse en los términos en que hoy se halla constituido.  Desde aquellos días, en los cuales una era nueva empezaba para el Istmo, desaparecieron los partidos políticos, cesaron las animosidades, los combatientes en el circo de la política se reconciliaron cordialmente y un solo grito resonó desde las márgenes del Darién hasta las fronteras de Guatemala, y desde las playas del mar del Sur hasta las del Océano Atlántico.

De hecho, en mensajes a sus conciudadanos, en ejercicio de la presidencia del Estado del Istmo, Herrera declara con gran claridad de pensamiento que

Ciertamente la razón apoyada por la experiencia tiene atestado, vosotros conciudadanos lo sabéis, que este país, de una naturaleza singular en el globo, inútilmente ha esperado y esperaría prosperar, sometido a ser un apéndice irregular de la Nueva Granada cuyos altos poderes jamás conocieron ni conocerán sus necesidades, ni podrán satisfacerlas.  El Istmo debe al movimiento mercantil del mundo civilizado los servicios para que lo ha destinado el ser supremo, acercando entre sí los océanos y abatiendo en él la alta cordillera de los andes.

Con ese convencimiento inició vida el Estado del Istmo hace 175 años.  Y dentro del programa de visión nacional venía la ordenación jurídica encabezada por una Constitución, leyes dimanadas de ésta, y todo bajo el concierto de criterios y deposición de ideologías.  De hecho, igual como ocurriría en 1903.

Es más, de un modo casi anormal para la mentalidad de la época, Herrera instruyó a los personeros del Estado para remitir el historial de servicios de los funcionarios públicos “para que, teniéndose presentes los que cada uno haya prestado al Estado, pueda premiarse el mérito y el patriotismo, si de otra parte reuniese el candidato las aptitudes y probidad tan necesarias para el desempeño de los destinos de hacienda”.  También para los cargos judiciales.  Se designó legalmente a José María Bermúdez para que oficialmente imprimiera y circulara el órgano oficial de información del Estado, llamado LA GACETA DEL ISTMO. A partir del 10 de julio de 1841.

Por otra parte, designando a Pedro de Obarrio como ministro itinerante para los asuntos internacionales logró el reconocimiento de Costa Rica, con la condición de resolver el problema limítrofe que había entre ésta y Colombia.   A Guillermo Radcliff se le nombró Agente Confidencial en Washington para su reconocimiento como Estado y lograr una neutralidad en unión de Inglaterra y Francia.

Mariano Arosemena, encargado de la cartera de relaciones exteriores, había escrito sobre el tema que “el mundo comercial está interesadísimo en que el Istmo sea independiente y permanentemente neutral, para que venga a figurar como un punto inaccesible a la guerra y como un lugar de paz para todos los habitantes del globo que quieran atravesarlo o hacer transitar sus propiedades de uno a otro mar”.   Y así también se iniciaron acercamientos a los gobiernos de Francia e Inglaterra.  Arosemena despachó numerosas cartas a los embajadores y cónsules de Estados Unidos, Inglaterra y de Francia y también a Ecuador sobre la existencia del Estado del Istmo, su intención de servir al mundo, el deseo de un avenimiento amistoso con Colombia y disposición de defender la soberanía si se intentaba invadir el Istmo y coartar lo actuado a la fuerza.

Días antes, el 3 de julio, Herrera es notificado de la caída y reincorporación de Cartagena al Gobierno Central y hace una proclama a los Istmeños para levantar un pie de guerra y restablecer las fortificaciones de Panamá, Chagres y Portobelo.

Herrera también sabía arengar y su palabra arrastraba a quien escuchaba.  En una proclama de julio Herrera decía:

¡Istmeños!  Cuando se acerque el peligro me veréis siempre dispuesto a cumplir mis compromisos y sean cuales fueren los obstáculos que haya que vencer para impedir que los enemigos de nuestros principios profanen el territorio del Estado, yo los venceré seguramente con vuestra ayuda.  (…)

Pero fiel a ser estoico hasta el final, tampoco quería ver masacrado al pueblo que lo había elegido Presidente.  Por ello el mismo mes Herrera ha de escribir aparte al General Herrán insistiendo en algo que posteriormente perfeccionará Justo Arosemena para 1855: la diferencia geográfica del Istmo del resto de Colombia lo que ocasiona la diferencia de sus habitantes llamados al comercio y el intercambio, distinto del resto del país dedicado a agricultura y ganadería:

La particular situación geográfica del Istmo hace que su comunicación con el interior de la Nueva Granada, sobre todo con la capital, sea muy difícil, incierta y tardía; por manera que con más facilidad, seguridad y certeza se pueden recibir comunicaciones de diferentes otros puntos de ambos hemisferios, que de Bogotá.  La magnitud de este mal no puede medirse sino por las intensas y multiplicadas necesidades de sus habitantes, necesidades que están muy lejos de confundirse con las del resto de los granadinos y aun de asemejarse a ellas y que por lo mismo no quedan satisfechas con las leyes generales sancionadas para todos.

 Con ello daba sustento a la razón de la separación del Istmo.

El 18 de noviembre de 1841, un año luego de declarado el Estado del Istmo, se conmemoró con un Te Deum  en la Catedral, iluminación de la ciudad, revista militar, salvas de artillería, música, banquetes y bailes.  El 21 se reunió el congreso panameño y se rindió informe de las gestiones realizadas esos 12 meses y puso su puesto a disposición.  Confirmado y ampliado en su cargo se declaró la neutralidad del Istmo respecto de Colombia.

Tomás_Herrera_y_Pérez

Daguerrotipo de Tomás Herrera, ¿1852?

 

En el entretanto, Rufino Cuervo fue encomendado para escribir desde Quito a Herrera en noviembre de 1841, donde explica de modo conciliador sobre todos los acontecimientos nacionales incluida la independencia de Panamá, reconociendo en el papel la situación especial de su territorio y necesidad de consideración administrativa ventajosa.  Es una nota de reconciliación y de invitación a la reunificación territorial.

Compartimos con este digno auditorio, que Cuervo primero pasó por Panamá en 1840 para ir a Ecuador, y que al llegar a su destino escribió sus observaciones del viaje en las cuales lanza su famosa frase ante el mal estado de Portobelo, Chagres y la ciudad de Panamá: Quien quiera conocer a Panamá, ¡corra, porque se acaba!

Herrera contestó el 1 de enero siguiente indicando la necesidad de haberse declarado esta separación, insistiendo en que no valdría la pena la reunificación si no va acompañada con hechos y federalismo pero deja abierta la puerta del diálogo y de garantías para una posible reincorporación.

De tal forma, Herrera tenía una guerra de varios frentes.  El primero, mantener la soberanía asumida en caso de ser invadidos.  El segundo, hacer entender a sus conciudadanos que tal vez una reincorporación sería estratégicamente necesaria para negociar desde adentro el estado federal; el tercer frente, presentar como legal, inocente y lógico lo acontecido en el Istmo a las autoridades centrales de modo que no tomaran represalias ni decidieran una invasión armada caso de darse la reunificación.   Situación difícil.

De hecho el camino que preparó fue el correcto aunque no se llegó a cumplir en su totalidad.  Herrera apelaba a la razón y también a los sentimientos del General Herrán en Bogotá incitándolo a la reconciliación al escribir

“si vuestra Excelencia sigue los impulsos de su corazón, escucha la voz de la humanidad y se somete a los oráculos de la política, se entenderá pacíficamente con las provincias disidentes, reunirá en contorno de vuestra Excelencia la familia granadina, calmará las pasiones no solamente agitadas sino desesperadas, y en el tranquilo movimiento de la razón republicana, la única fuente del poder público –la soberanía del pueblo- con plenitud de autoridad, reemplazará esas ya canceladas instituciones que no han podido hacer nuestra dicha, con otras que, satisfaciendo las exigencias nacionales, dejen tranquila la conciencia hasta de los más escrupulosos legitimistas.  Repito una vez más a vuestra Excelencia que el Istmo está dispuesto a entrar en avenimientos pacíficos y los desea; pero yo no debo ocultar a vuestra Excelencia que si no se ocurre a ellos, hay una absoluta resolución de agotar todos nuestros recursos y sacrificarnos todos antes que ceder a la fuerza.

 Herrera tenía gran interés en que la reunificación no fuese una calamidad de revanchas o penalizaciones y también le interesaba que su persona y el movimiento hecho fueran vistos como actuaciones libre de malicias y que por ello se aceptaba volver a formar parte de Colombia.

Designados negociadores el Dr. De la Parra y el General Juan José Flores, al entrar en contacto con los panameños, escuchar sus inquietudes, confirmar sus anhelos y expectativas así como su visión de conjunto de todo el conflicto, el 31 de diciembre de 1841 se firma el acuerdo mediante el cual el Istmo se reincorpora pacíficamente a la Nueva Granada, nombre del nuevo Estado central con una serie de concesiones hacia los istmeños.  De esto da cuenta el Dr. De la Parra al Secretario de Exteriores, Rufino Cuervo, quien inicia las notificaciones de rigor al Presidente y Congreso, que deberán lidiar este tema de modo oficial.

 

2039189

 

CONCLUSIÓN Y FINAL

Oficialmente deberíamos decir en alta voz FIN DE LA HISTORIA.  Y así es desde el punto de vista estricto.  Pero es bueno anunciar que sí hubo represalias no armadas.  Se desconocieron las autoridades panameñas, varias de las cuales acusadas de traición y condenadas a cárcel o destierro; se reconoció parcialmente lo actuado ese año soberano; demoró algo de tiempo, pero llegó el anuncio que a Herrera se le consideraba traidor a la Patria y el decreto de desterrarlo con la pérdida de todos sus grados y honores adquiridos previamente.

Las concesiones redactadas por De la Parra y Pineda fueron casi todas desconocidas y consideradas exageradas y arbitrarias, particularmente las consideraciones de Rufino Cuervo en el Congreso.

Y así pasó 1842 y 1843 desterrado Herrera en Ecuador, manteniendo conferencias epistolares con el Dr. Cuervo y el General Herrán que al final demostraron que la guerra civil pasada no había calado suficiente para poder legislar y gobernar con rectitud de intención y un solo discurso la vida pública de Colombia.  Herrera no regresa a Panamá hasta el 6 de septiembre de 1844 en cumplimiento de decreto de amnistía.

De este modo hemos abierto y leído algunas de las páginas de historia patria que hacía muchos años no se mencionaban, por lo que además de estar conmemorando la figura de Tomás Herrera y el Estado del Istmo, les hemos hecho justicia esta mañana.

Es nuestro deseo que estas páginas nos traigan al presente y no volvamos a olvidar a don Tomás. Que investiguemos las dos biografías que de él existen y la copiosa correspondencia que reposa en el Archivo Nacional.  Hay otras facetas que aquí no era el medio idóneo para resaltar.

 

18 de noviembre de 2015.   En Panamá.

[1] Investigador de Historia.  Observador Social.  Jefe del Servicio Filatélico de Panamá.  Director de la Comisión Nacional de Símbolos de la Nación.

[2] DEL VALLE, José E. y RIVIERE, Fernanda: Panamá: Estado Independiente 1840-1841.  Bogotá, Colombia.  Revista Iter ad Veritatem, 2011.

[3] ALFARO, Ricardo J.: Vida de Tomás Herrera.  Imprenta de Heinrich y Compañía, Barcelona, España, 1909.

[4] Alfaro, Ricardo J.  Opus Citatum, documento 11 de apéndices.

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