PANAMÁ Y SU HISTORIA por Vladimir Berrío-Lemm desde 1995.

4 de marzo de 2016

LA IMPORTANCIA DE PERTENECER A UNA FUNDACIÓN

Filed under: Panamá - Historia — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 11:00 AM

Hola, ¿qué tal?  Esta entrada es tanto para personas dentro como fuera de la República de Panamá.

En 1999, en la Sociedad Española de Beneficencia en Panamá, se hizo el acto de presentación, y por decirlo de algún modo, de inauguración y postulación de comisiones, de la Fundación Cultural de las Américas, obra que fue ideada, planificada y estructurada por dos ilustres figuras de la intelectualidad y educación local.  El Dr. en Literatura Española, Diógenes Cedeño Cenci, quien ocupó diversos cargos durante su vida incluyendo Rector de la Universidad de Panamá, y la Profesora Yolanda Morales Frías, Profesora de Estado de Chile, quien creó y regentó por muchos años la extinta oficina de Auditoría Académica de la Universidad de Panamá.  Ambos personas idealistas, con muchos proyectos; ciudadanos rectos, con principios y amplia solvencia moral.  Esforzados, patriotas y decididos a hacer muchas cosas por este país.

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Desde entonces, la Fundación ha dejado un derroche de ejecutorias entre conferencias, hacer viables proyectos, giras de estudio, recreación de travesías históricas, concursos, asesorías, publicación de obras y lo que es materia común para un organismo no gubernamental.  Por ende, ninguno de sus miembros o directivos percibió, percibe o percibirá emolumento o salario alguno.

Ambos fundadores se nos fueron muy rápido.  Primero ella, luego él.  Después del duelo de rigor, en el marco del Colegio Nacional de Abogados se hizo la toma de posesión de la nueva Junta Directiva, con lo que la FUNCAM pudo hacer actualizaciones a sus planes, presentación de su plataforma para el quinquenio que concluirá en 2017.

 

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Algunos de los miembros han tenido que alejarse por viajes largos al exterior, enfermedad o situaciones puntuales.  Prominentes figuras locales en todos los ámbitos como la artista y gestora Georgina Linares, la psicóloga clínica Rosemary Reyes, el odontólogo Diógenes Cedeño De La Torre, la abogada Elvia Pérez-Herrera, el ingeniero industrial y empresario Félix Peñaranda, la profesora y autora Myrna Tristán de Rodríguez, el publicista e investigador Juan Castillo y muchos otros podrán dar fe del carácter inclusivo y no discriminatorio de la FUNCAM desde su creación.  Yo mismo fui en su momento por algunos años el Secretario de Asuntos Internacionales cuando era docente en la Universidad Interamericana de Panamá.  Unidos en la diversidad es que los ONG’s logran llevar adelante sus objetivos, metas y proyectos.

 

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Por primera vez en varios años, la FUNCAM convoca públicamente a una reunión plenaria para dar cabida a nuevos miembros y con ello incorporar nuevas ideas y proyectos.

Para ello se reactivarán las comisiones:

1-    Relaciones Públicas
2-    Asuntos Internacionales
3-    Proyectos Propios
4-    Proyectos Recibidos
5-    Asesoría y Consulta.
6-    Blog, Twitter y Facebook / Informática

Además, se abrirá el compás para los tipos de miembros:

A-    Membresía general, de la que todo mundo puede disfrutar y con lo cual se es sujeto de presentar proyectos y publicaciones y colaborar con los proyectos propios de la Fundación y conferencias.

B-    Amigos, que son personas interesadas en participar de las actividades aunque no necesariamente siendo miembros.  Pueden ser un gran apoyo.

C-    Mecenas.  Ciudadanos y empresas que suministran los recursos dinerarios y/o logístico para la consecución de los objetivos y proyectos de la FUNCAM de modo continuado.

D- Patrocinador.  Ciudadano o empresa que aportará los recursos para un proyecto o acción en especial.

D-    Miembro Correspondiente, personas vinculadas a lo cultural y social en otros países y que desean tener contacto y ocasionales colaboraciones.  También pertenecientes a otra entidad dentro de Panamá pero con sede en provincia distinta.

Como cualquier otro ONG de Panamá, los miembros de la FUNCAM son personas económicamente activas que dedican las horas diurnas para cumplir sus obligaciones laborales, y dedicar unas pocas horas al mes a dar vida y llevar adelante la Fundación.  Algunos tienen responsabilidades múltiples (trabajo principal, estudio y trabajo secundario, atención de familia en crianza <mi caso>) pero casi siempre tenemos una pasión o un gran deseo de trascender y hacer cosas nuevas.  Y mejor si reportan beneficios visibles para el país.

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Pertenecer a una Fundación legalmente constituida, con ejecutoria desde 1999 (17 años), con sus papeles en regla y el prestigio de grandes personalidades en sus orígenes y trayectoria, hacen de la membresía en la FUNCAM algo muy apetecible.  Cuando uno presenta su carnet de miembro, abre puertas cuando se hacen investigaciones propias en archivos y fondos documentales dentro y fuera del país.  Facilita entrar en relación con homólogos del orbe y se es tomado en consideración para eventos, actividades y conmemoraciones.  Ser miembro activo de una tal Fundación es una tremenda y brillante ejecutoria y proyección social dentro del curriculum.

A veces “un simple miembro” por el hecho de serlo, abre las puertas a que otras Fundaciones y Ong sepan de nuestra existencia y se nos convoque para la organización, co-organización o asesoría de supervisión de proyectos ajenos.  Viene el quinto centenario de nuestra ciudad, la decana del Pacífico, los 190 años del Congreso Anfictiónico, y pronto los 200 años de la Independencia.  La FUNCAM pretende ser sujeto activo de estas y otras actividades, ayudando a escribir o re-escribir la historia.

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Yo acabo de renovar mi suscripción luego de un paréntesis de 5 años.  Voy lleno de motivos y con grandes ideas a ver qué puedo hacer por mi país y el mundo a través de la Fundación.

¿Te animas?  Son sólo tal vez 8 horas al mes que invertirás en hacer realidad proyectos que perdurarán en el tiempo y que tu nombre quedará vinculado con éstos.  Atención: a veces las reuniones pueden adquirir rango de videoconferencias o ser mantenidas en la distancia si no se puede estar presente de modo físico.  Creemos en la tecnología.

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Por favor, responde a este anuncio sólo si tienes el interés de ser miembro de algún tipo.   En la respuesta indicaremos la próxima reunión, su lugar y su hora.  Si no es tu inclinación o no tienes tiempo, ¿tendrías la bondad de re-enviarlo a otras personas?  Podría ser que el país y/o el mundo te lo agradezcan un día.  ¡En serio!

vberrio_lemm@yahoo.es   o panahistoria@gmail.com  

También puedes llamar al 6589-1715

Con los atentos saludos de
Vladimir Berrío-Lemm

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Miembro. Fundación Cultural de las Américas.
Mayor Honorario, Benemérito Cuerpo de Bomberos de la R. de P.
Autor y articulista, escritor.
Organizador de eventos, congresos y convenciones.

Entrega General
Panamá, 0816, PANAMÁ
www.panahistoria.wordpress.com
@panahistoria
www.aprendiendofilatelia.blogspot.com

 

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14 de julio de 2009

LA GUERRA DE LOS MIL DÍAS

Filed under: Panamá - Historia — Etiquetas: , , , , , , — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 1:23 PM

Por: Vladimir Berrío-Lemm

Este punto hay que verlo con cuidado, ya que hay aspectos positivos, por extraño que parezca, y negativos, porque hablar de un hecho bélico que generó miles de muertes y pérdidas materiales siempre será nefasto para aquella sociedad en donde ocurriere.

Particularmente cuando el Viejo Mundo husmea la historia del Nuevo y la encuentra caótica e incomprensible.  Podemos aceptar un poco la crítica, pero siempre que también acept emos que el punto de vista occidental lo aprendimos precisamente del Viejo Mundo.

En fin, y para dar inicio…

Así como en Colombia aun se prefiere no hablar públicamente de estos temas más que a título histórico y cultural, en Panamá conocemos los hechos locales pero no siempre el cuadro completo allende del río Atrato.

El 7 de agosto de 1898, al tomar juramento como Presidente de la República de Colombia, todos escucharon algo que se tomó de muy buen augurio y fueron las palabras de reflexión que hiciera José Manuel Marroquín, de las cuales citamos los siguientes apartes:

(…) Los odios, las envidias, las ambiciones, dividen los ánimos; en la esfera de la política se batalla con ardor, menos por conseguir el triunfo de principios que por hundir o levantar personas y bandos; la tranquilidad pública, indispensable para que cada ciudadano pueda disfrutar a contento del bienestar que debe a la suerte o al trabajo, nos va siendo desconocida; el comercio y todas las industrias echan de menos el sosiego que han menester para ir delante. La pobreza toca a todas las puertas.

“Nuestros disturbios políticos han hecho que se confunda o se anule la noción de Patria. La idea que de la Patria se tiene está de tal manera asociada con la de las turbulencias políticas y con la de las zozobras y desconfianzas que ellas engendran, que no es raro oír a un paisano nuestro lo que no se oiría a ningún natural de otro país; “yo quisiera haber nacido en otra parte”.

Presidente colombiano José Manuel Marroquin

 

¿Habrá entre nosotros muchos que se enorgullezcan al decir “soy colombiano”, como un francés se enorgullece al decir “soy francés” ([1]).

Pese a lo bien fundamentado del discurso y las buenas intenciones gubernativas que en el mismo se veían, el 18 de octubre de 1899 se inició la más cruenta guerra civil en Colombia entre los conservadores y los liberales, la cual se extendió por un lapso de 1.123 días ([2]), precisamente llamándose la Guerra de los Mil Días, hasta su conclusión el 21 de noviembre de 1902.

Los estudiosos colombianos tienen dos temas predilectos para escribir y asombrar por lo novedosas de sus noticias a los lectores de este país suramericano. Uno es la separación de Panamá en 1903, la cual tratan de explicar siempre sin asumir una clara postura de su propia culpa en la pérdida istmeña, y el tema de la sexta guerra civil, eso sí, con pinzas, pero que de vez en cuando nos permite observar una joya de síntesis y concisión que resulta potable y que no conlleva a una diatriba.  Tal es la pieza que nos permitimos transcribir a continuación, auxiliándonos del recurso Internet para fines de investigación:

La Guerra de los Mil Días duró tres años, se desarrolló en toda la geografía colombiana, con excepción de las regiones selváticas y Antioquia, donde la lucha no adquirió las proporciones de las demás regiones.

El enfrentamiento se produjo entre los conservadores, que en ese momento se encontraban en el poder y contaban con los ejércitos constituidos para el gobierno, y los liberales, que en un comienzo buscaron hacer una guerra entre ejércitos, pero que sólo pudieron conformarlos en los departamentos de Santander y Panamá, por lo que se libró una lucha de guerrillas que se les salió de las manos en el resto del territorio nacional.

Durante estos tres años ambos bandos combatieron en cientos de escaramuzas, aunque se presentaron grandes encuentros bélicos en las regiones que garantizaban movilidad de pertrechos y armas para el liberalismo, como el río Magdalena y las fronteras nacionales.

 (…)

Por otra parte, Colombia estuvo internacionalmente en el ojo del huracán ya que la construcción de un canal transoceánico en su territorio la convirtió en un lugar estratégico. Estados Unidos y Francia, países interesados en este proyecto, estuvieron más solícitos con el gobierno sin perder de vista la gran posibilidad que ofrecía el conflicto, la venta de armas y la posesión del canal.

Estalla la guerra: “O nos dais la libertad o nos la tomamos”. General Rafael Uribe Uribe

Rafael Uribe Uribe, caudillo liberal, estadista y militar

La guerra estalló el 17 de octubre de 1899, cuando los pacifistas del partido liberal no pudieron contener la furia armada de las juventudes. Hasta el último momento, el Olimpo Radical procuró detener una guerra para la cual el liberalismo no estaba preparado. Prueba de ello es el llamado ‘telegrama mortal’, que se distribuyó a última hora a las regiones y en el cual la Dirección Liberal solicitaba a los caudillos locales no atender el llamado al conflicto.

(…)

 Los guerrilleros eran en su gran mayoría “hombres sin tierra, pequeños propietarios y colonos, trabajadores independientes, negros de las dos costas y, en fin, indios guajiros y desposeídos aborígenes del sur del Tolima, del Cauca y Panamá”. También participaron artesanos, desocupados y servidores sociales en los menesteres más humildes, así como algunos estudiantes, comerciantes y empleados de oficina, ya que estos últimos conformaron las fuerzas que se constituyeron como ejércitos al mando de los generales liberales.

(…)

Ni siquiera los niños se encontraron a salvo de la guerra. Los que residían en las ciudades cambiaron las rondas por las marchas y en las aulas los rojos y los azules estaban aparte.

Tanto liberales como conservadores apreciaron las cualidades de los niños combatientes “la agilidad, viveza, acatamiento de las órdenes, la casi inexistencia de vicios y, especialmente, la impavidez frente al riesgo y a la muerte”.

(…)

En Panamá los Cholos, al mando de Victoriano Lorenzo, apoyaron a los generales liberales y en un momento dado se constituyeron en la única fuerza activa del liberalismo. No obstante, nunca se mezclaron con los otros grupos de combate.

Lotería Nacional de Beneficencia. Billete conmemorando a Victoriano Lorenzo, caudillo liberal panameño.

 

(…)

Los liberales por su parte, que habían estado esquivos al tema de la paz, pues consideraban deshonroso llegar a un acuerdo con un ejército derrotado, buscaron negociar después de la victoria de Peralonso. El general Uribe Uribe, consolidado como héroe y máxima figura de su partido, buscó un acercamiento con el gobierno, que fue rechazado de manera categórica.

La tercera posibilidad de paz sería irónicamente la estocada final que le dio impulso a la guerra. El golpe de estado que el 31 de julio de 1900, llevó al poder a Marroquín apoyado por los históricos, acabó exacerbando los ánimos, pues para su realización se contó con el beneplácito del Olimpo Radical, que apoyó la causa a nombre de un convenio que nunca se cumplió. Para sorpresa de los liberales, Marroquín acabó no sólo apoyando la línea dura de los nacionalistas sino que cerró toda posibilidad de paz.

(…)

“Rosas da inicio a su actividad bélica, que el 19 de agosto lo conduciría al triunfo de Córdoba y el 20 a la derrota de Puerres, donde herido y hecho prisionero por las fuerzas del general Gustavo Guerrero, es luego asesinado en su cama”. La muerte de Rosas cerró las acciones liberales al sur del país.

En Panamá, el desarrollo del conflicto estuvo mediado por el apoyo que los liberales recibieron tanto de los gobiernos de Nicaragua y Ecuador, como de los Cholos dirigidos por Victoriano Lorenzo.

En un comienzo los liberales se entregaron sin luchar y a la postre firmaron la paz estando victoriosos

(…)

A comienzos de 1902 la guerra adquirió un nuevo giro por la invasión a Panamá dirigida por el general Benjamín Herrera, que logró algunos triunfos amenazantes, pero condujo a la intervención norteamericana en el conflicto: el gobierno solicitó y obtuvo el desembarco de la infantería de marina de los Estados Unidos en Panamá, lo que inmovilizó a Herrera.

Mapa que ilustra a Colombia para 1899

 

Como en ese momento se negociaba un tratado con aquel país para la concesión de derechos para la apertura del canal, la tentación de vincular a los norteamericanos al conflicto era muy grande y tanto el gobierno como los liberales intentaron obtener el apoyo de los Estados Unidos sugiriendo que a cambio de él les concederían un tratado ventajoso.

En esas condiciones Uribe Uribe, perdida toda fe en el triunfo, firmó un tratado de paz con el gobierno que consignaba una garantía de amnistía para los liberales. Poco después, en noviembre de 1902 y a bordo del buque norteamericano Wisconsin, en el cual entablaron conversaciones Víctor M. Salazar y Alfredo Vásquez Cobo, conservadores; Lucas Caballero y Eusebio Morales, liberales y Nicolás Perdomo, Benjamín Herrera firmó el tratado definitivo con el cual concluyó la última de las guerras civiles tradicionales de la historia colombiana. ([3]) 

Alfredo Vásquez Cobos.

Benjamín Herrera

Mientras que en Colombia concluía la guerra, esta ya se había trasladado y continuaba en Panamá, donde finalizó frente a aquella ciudad a bordo del acorazado U.S.S. Wisconsin, mediante la intervención directa de Estados Unidos y la total inoperancia de Colombia, en virtud de un tratado firmado el 21 de noviembre de 1902, llamado Paz de Wisonsin. Al menos eso es lo que se nos ha enseñado.

Intervinientes para la firma del Tratado del Wisconsin.

Pero retomamos una oración de un párrafo previamente citado, que no puede escapar de nuestra atención:

A comienzos de 1902 la guerra adquirió un nuevo giro por la invasión a Panamá dirigida por el general Benjamín Herrera, que logró algunos triunfos amenazantes, pero condujo a la intervención norteamericana en el conflicto: el gobierno solicitó y obtuvo el desembarco de la infantería de marina de los Estados Unidos en Panamá, lo que inmovilizó a Herrera. ([4])

La intervención militar realizada por Estados Unidos no fue idea de ellos solos ya que fue solicitada por el gobierno de Bogotá. Pero lo único cierto es que esta guerra civil, que se inició en la capital colombiana y que luego se trasladó al Istmo, fue la gota que derramó la copa de paciencia istmeña, debido a que la postración económica se dejó sentir con toda su intensidad, pero sobre todo y mucho más importante, los cientos de familias que perdieron a sus seres queridos fue un factor desequilibrante que condujo a los panameños a odiar la guerra de aquí en adelante. Y los conflictos siempre venían de un mismo lugar: del otro lado del río Atrato.

Cada vez que Panamá se acercaba a Colombia lo hacía pidiendo que no se mezclara a la tierra istmeña con los problemas habidos más allá del Darién, de los cuales no podíamos participar activamente por no conocerlos hasta ya solucionados. Y cada vez que los colombianos aceptaban estas peticiones se apresuraban a recordarnos que no éramos quiénes para decidir si podíamos o debíamos participar o no en esos problemas. Así es como el Istmo siempre quedaba envuelto en el torbellino de agitaciones políticas que hasta el día de hoy, con raras excepciones, ha caracterizado a ese país de la América del Sur.

La guerra civil exportada a Panamá sirvió para consolidar el pensamiento en sus conciudadanos de neutralidad política y fraternidad laboral y comercial. ([5])

Salvo algunas meritorias excepciones, nuestros investigadores históricos olvidan que pasajes de la historia familiar son parte del encaje en donde se teje la historia, y para realizarla, empleando este lenguaje metafórico del tejido, hace falta el hilo que viene en una madeja junto con la aguja con que se elabora, pero ciertamente se requiere de una persona que lo lleve a cabo.

La historia se desarrolla en el tiempo y en el espacio pero, insistimos, no se deben dejar de lado las personas humildes que con hechos sencillos también contribuyeron a escribirla. Además, esto le da calidez a una ciencia por tradición fría y que por ello aleja a quienes se aventuran a estudiarla, ocasionando que haya pocos interesados en hacerlo ([6]).

Al investigar la genealogía istmeña veremos que muchos forjadores de la nacionalidad fueron colombianos hartos de las costumbres a veces sangrientas de sus compatriotas, que veían el Istmo como un vergel de paz que nadie debía atreverse jamás a mancillar.

Caso concreto de Manuel Amador Guerrero, otro gran personaje olvidado y vilipendiado de nuestra historia, proveniente de Cartagena de Indias.

Pero debemos volver a repasar los escritos que nos hablan de la Guerra de los Mil Días como antecedente de la separación de 1903. En ese sentido,

Hubo tres atentados principales por parte de los liberales para obtener el control de Panamá. La primera invasión dirigida por Belisario Porras que no tuvo resultados principalmente debido a las diferencias entre los dirigentes del partido, lo cual terminó con una derrota para los liberales en el Puente de Calidonia.

Famoso y polémico paso a desnivel del Ferrocarril de Panamá, comúnmente llamado Puente de Calidonia.

 

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Esta foto la he colocado a petición de una persona que quería saber más del Puente de Caledonia o Calidonia. En esta tarjeta postal de la Corporación Medcom en 2003, el fotógrafo estaba en el puente. Es de 1906, cuando ya existía la Casa Müller. Gracias a la foto podemos observar que tenía suficiente espacio para que pasaran 2 carretas más dos calzadas laterales para personas. La foto nos hace ver a nivel el primer algo de la casa, que está a más de 4 metros de la calle

De la confusión de esta primera etapa resultó un estado de guerrilla dirigida por varios líderes liberales, incluyendo el pintoresco cacique indio Victoriano Lorenzo. Muchos de estos bandos se unieron para respaldar al líder popular panameño Domingo Díaz y parte de las fuerzas de Díaz capturaron a Colón en la Costa Atlántica. La intervención de Estados Unidos y otros extranjeros, más una pobre estrategia por parte de los liberales dio como resultado la terminación de esta campaña.

(…)

(Durante el gobierno del Presidente Pedro Alcántara Herrán)

Herrán regresó a Bogotá y continuó con una política de reforma semiliberal pero permitió a los Jesuítas obtener el control de la educación nuevamente y además formuló una política que permitía a los dirigentes del país solicitar ayuda a países vecinos para reprimir cualquier revuelta interna. Esta última acción jugaría más tarde un importante papel en la historia del país. ([7]).

Entre la muerte de Bolívar hasta la elección de Manuel A. Sanclemente en 1898, Colombia se desangra en guerras civiles en donde el caballo de batalla, esto es, el más atacado o el más favorecido, era la Iglesia Católica. Si los liberales estaban en el poder, la golpeaban y hacían lo posible para dejar sin efecto las medidas de los conservadores. Si ganaban los conservadores, todo lo contrario. Un cáos ocasionó Rafael Núñez, pues aunque liberal, hizo reformas casi ultra-conservadoras, preparando el escenario para una revuelta en 1895, además de las habidas a lo largo de las décadas anteriores.

En 1898 con el apoyo de la mayoría de los conservadores, Manuel A. Sanclemente fue elegido presidente y José Manuel Marroquín vicepresidente, pero el anciano Sanclemente fue obligado a salir de Bogotá por razones de salud, y Marroquín asumió el Gobierno. Marroquín era un hombre tolerante y conciliador e inició medidas progresistas y pudo hacer que los liberales olvidaran la revolución de 1895. Pero Sanclemente al regresar a Bogotá no estuvo de acuerdo con estas medidas y reformas liberales de su vicepresidente e inmediatamente las anuló. Pero no tuvo éxito pues su estado de salud y las dificultades fiscales y económicas del gobierno, facilitó a los liberales la preparación de una nueva guerra civil. Fue así como el conflicto más largo y sangriento de la historia de Colombia desde su independencia, comenzó en el Estado de Santander en 1899.

(…)

Además antes de 1899 el Gobierno había iniciado la prisión o destierro sistemático de los liberales. En el Panóptico de Bogotá se mantenían más de 3,000 prisioneros políticos que eran sometidos a cruel tortura (The outlook; the truth about Colombia. Thomas S. Alexander, dic 1903, LXXB, 994). Las tropas del ejército casi a diario cometían atrocidades contra los liberales. Además de estos abusos la prensa liberal había sido amordazada y más tarde confiscada.

(…)

Las causas de la revolución liberal fueron sentidas en el Istmo de Panamá. La compañía del Ferrocarril, debido a problemas económicos se vio obligada a reducir los sueldos de sus empleados. De mucha más importancia fue el hecho de que hasta entonces el Istmo de Panamá había sido una gran zona libre y ahora el gobierno había aumentado los impuestos y tarifas. Panamá experimentó más de cincuenta revueltas y rebeliones entre 1846 y 1903 y hubieron por lo menos cinco atentados separatistas de Colombia y más de cuarenta administradores ejercieron sus funciones durante este mismo período. Los Estados Unidos de Norteamérica tuvieron que intervenir más de trece veces en este mismo período. Los panameños habían sufrido innecesariamente en manos de Colombia quien los había tratado como una colonia y ahora se iniciaba uno de los conflictos más intensos, crueles y prolongados para los panameños, conocido como la Guerra de los Mil Días ([8]).

Tenemos algunas ediciones del periódico colombiano llamado El Autonomista, en plena guerra, en donde se menciona en varias ocasiones lo que se publica en los diarios panameños. Por ejemplo, la edición del 23 de agosto de 1899 en su sección Prensa departamental indica que El Cronista de Panamá:

publica un artículo adoptado, acerca de la separación del Istmo. Protesta contra el hecho de que á los panameños se les venda o se les alquile. Eso es proceder correctamente, lo malo está en querer buscar la sombra del ajeno pabellón, so pretexto de un desvío que está muy lejos de existir. El colega se gasta en este número algunas frases galantes para nuestro diario, no sabemos si por ironía, pero lo cierto es que la temperatura de El Cronista ha bajado cuando menos 10º. De ello nos alegramos pues en climas tan ardientes estaba expuesto a morir ahogado. ([9])

Debemos estar claros que este cruce de palabras y derrame de tinta periodística obedece a que se postuló (sin mayor éxito afortunadamente) que se segregase el Istmo de Panamá y se vendiera a un poderoso país, dado que se consideraba que era cuestión de tiempo que declararan la independencia, o se unieran a otro país o bien que Estados Unidos o Inglaterra lo conquistaran.  Se propuso una cifra de cerca de 50 millones de dólares y en qué podría emplearse esa cifra para obras colombianas.

Foto histórica, atribuida a las milicias infanto-juveniles de Panamá, durante la Guerra de los Mil Días.

Y deberemos recordar que esta fue la segunda ocasión en que ocurría una sugerencia de puesta a la venta del Istmo ([10]).  La primera vez fue en abril de 1850 y se postuló la suma de 100 millones de dólares.

Fuera de lo anterior, la edición del 28 de julio del mismo diario nos habla de una cuestión judicial entre la Compañía del Ferrocarril de Panamá y una cantidad de dinero junto con unas tierras que reclamaba Colombia. Por otra parte, en su sección de prensa departamental, se declara lo siguiente respecto de Panamá:

El Cronista de Panamá publica un artículo del señor Francisco Ardila, sobre las causas que han determinado en algunos compatriotas de aquellas regiones la idea de separarse de Colombia.

En ese artículo leemos con positiva complacencia lo siguiente:

-”El Autonomista puede asegurar urbi et orbe que no hay ni ha habido nunca un solo istmeño que desee ó haya deseado la anexión del Istmo á la gran República del Norte.

Pero nuestro ánimo se contrista al tropezar inmediatamente con un párrafo que dice:

“- Lo que sí es cierto es que hay istmeños y no pocos -¡por qué no decirlo con toda franqueza!- que desean al Istmo independiente y soberano para salir de una tutela que de algún tiempo á esta parte se viene haciendo intolerable.

Si es verdad que el régimen centralista aboga la vida propia de los Municipios y los Departamentos -(y esta es una de las causas que enumera el doctor Ardila como productoras del sentimiento separatista)- los males de ese régimen se han hecho sentir con mayor intensidad en el interior. Las mismas quejas que expone Panamá á este respecto, puede presentar el resto de Colombia, amén de muchas otras como el bárbaro sistema de reclutamiento, la servidumbre de la sal, la carestía de los géneros por las altas tarifas de aduanas y por sobre todo el papel moneda, males de que se halla libre aquel Departamento.

 Otra razón que expone el señor Ardila es el peligro de que el papel moneda invada á Panamá. Para justificar la desmembración de la Patria no puede alegarse la previsión de males futuros.

-El Cronista mismo lo dijo: “nosotros jamás dejaremos sola á Colombia porque la vemos desgraciada. Ese crimen no lo cometerían los istmeños”.

Crimen es, pues, en concepto del periódico panameño, abandonar a la patria, porque la abruma la desgracia.

Mal administrados habrán sido los intereses de Panamá en los últimos años, pero mal administrados lo han sido los intereses de Colombia toda.

Y eso de que el Istmo puede proclamarse independiente y soberano, es simplemente un paso hacia la anexión. Independiente y soberano se proclamó Texas y cuando el Presidente Houston pidió la anexión, el Congreso americano la negó, pero esto no fue obstáculo para que algunos años después se verificara.

Eso lo sabe muy bien el doctor Ardila.

El artículo á que nos referimos causó grande entusiasmo y se convocó un meeting para felicitar al doctor Ardila. Hablaron los señores Heliodoro Patiño y León A. Soto. El discurso de este último fue decididamente anti-colombiano, y la autoridad lo quitó a su autor.

León A. Soto

 

Ninguno de los periódicos lo publica y el señor Gabriel  Guizado para disculpar al señor Soto, atribuye esas líneas al temperamento poético de su autor. No sabíamos que los poetas se distinguieran como enemigos de la Patria.

Fuera del artículo del doctor Ardila, los periódicos panameños han perdido los estribos y tomado el rábano por las hojas. Nadie ha pedido el fusilamiento de los panameños, eso sería el colmo de la estulticia. Nos referimos á los que pretenden desgarrar el pabellón que flameó en Boyacá, á los que quieren renegar de las glorias de nuestra historia, fraccionar el suelo patrio y abjurar de su calidad de colombianos ([11]). 

No obstante, El Autonomista, que tanto tiene en pro como en contra de lo que se diga en Panamá, en su edición del 13 de mayo de 1899 transcribe una entrevista hecha por el editor del medio al ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, para saber el punto de vista oficial sobre las versiones alarmantes referentes a que Panamá se quería separar de Colombia para anexarse a Estados Unidos. El ministro demostró bastante cautela y hasta un ingenuo desconocimiento de lo que se le decía. El Autonomista fue muy abierto al mencionar algunas de las razones por las cuales los panameños deseaban la anexión: encontrarse a disgusto porque los magistrados, gobernadores y jefes de policía, incluidos los alcaldes, no fueran nacidos en el Istmo y, además, que esos funcionarios no llevaban a cabo sus labores como habría de esperarse. También porque no se les tenía en cuenta para los asuntos del Canal, cuando precisamente Panamá era el terreno apto para su construcción.

Creemos, como es de rigor ante una semejante información, que sobra añadir más palabras a un tema agotado, pero sí mencionar que paralelo a estos comentarios, el mismo periódico hace ver los pareceres sobre la cuestión limítrofe entre Costa Rica y Colombia, en que se sindica como poco interesado al gobierno colombiano a darle una satisfactoria solución.

Hasta aquí llega nuestro escrito de hoy, recordando que que lo investigó y redactó Vladimir Berrío-Lemm,  un panameño.  Puedes citar y reproducir el artículo, pero por favor, no olvides los créditos de rigor.  Si deseas opinar algo fuera del Blog o aportar algún otro dato interesante, pues ¡hazlo!  panahistoria@yahoo.es

CONCLUSIÓN

Luego de este viaje a lomo de un águila sobre un tema escabroso, nos damos cuenta que, ciertamente, la sexta y última guerra civil colombiana realmente incide de un modo directo pese a distintos puntos de referencia, en la concepción autónoma e independiente de los habitantes del Istmo de Panamá.

Incluso nos ha permitido saber que en dos ocasiones se propuso sin éxito la venta del Istmo de Panamá por distintas razones, lo cual exacerbó el ánimo istmeño y se veía como un derrotero hacia la separación.

Entendemos que la conclusión de la guerra tuvo dos escenarios y que en el caso de Panamá, fue la petición directa del Gobierno de Marroquín la que ocasionó la intervención militar de Estados Unidos en base al artículo 35 del Tratado de Paz, amistad, libre comercio y navegación firmado en 1846 (popularmente conocido como Mallarino-Bidlack).

En fin, creemos que la intención de este escrito se cumple con creces dejando entrever al lector que la Guerra de los Mil Días es más que hablar de Belisario Porras o Victoriano Lorenzo; está más allá de la batalla del Puente de Calidonia.  Está mucho más allá de un posible intervencionismo estadounidense en el tema.

Pero ciertamente, nos lleva a meditar lo poco que sabemos de un tema que si bien es para nosotros mayormente colombiano, de alguna manera nos afectó y nos consolidó a pensar como panameños y no como colombianos.

No cabe duda que en tanto actividad interna colombiana, esta fue la última gota que faltaba para colmar el vaso de paciencia panameña.  La siguiente gota que lo derramará, ocurrirá el 12 de agosto de 1903, cuando el Senado colombiano reunido en Congreso rechaza el Tratado Herrán-Hay para construir un canal por el Istmo.

Pero esa es otra historia.

 POSIBLE BIBLIOGRAFÍA

 CLARE, Horacio; Opus Citatum, páginas 57-58: “Discurso inaugural del Presidente de la República, señor Don José Manuel Marroquín”. Diario Oficial de Colombia, N° 10, 724, de agosto de 1898.

http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Mil_D%C3%ADas

http://www.geocities.com/raicespaisas   Maria Emilia Naranjo Ramos, Bogota, Colombia

http://www.raicespaisas.org

PÉREZ VENERO, Alex: La guerra de los mil días en Panamá, Lithoimpresora Panamá, 1979.

EL AUTONOMISTA, 23 de agosto de 1899, Colombia.

BERRÍO-LEMM, Vladimir: Panamá: tierra, gente, legado… centenario. Aproximación a las raíces del hombre panameño. Ediciones del Istmo, S.A., Bogotá, Colombia, 2003.  Tomo III.

EL AUTONOMISTA, 22 de julio de 1899.

….      N O T A S    B I B L I O G R Á F I C A S      ….


[1] CLARE, Horacio; Opus Citatum, páginas 57-58: “Discurso inaugural del Presidente de la República, señor Don José Manuel Marroquín”. Diario Oficial de Colombia, N° 10, 724, de agosto de 1898.

[2] 1,128 según http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Mil_D%C3%ADas

[3] http://www.geocities.com/raicespaisas   Maria Emilia Naranjo Ramos, Bogota, Colombia

[4] http://www.raicespaisas.org

[5] Laureano García Viamonte, casado con Concepción Henríquez Castillo (bisabuelos del autor), hombre santeño dedicado a la navegación de cabotaje y las bucerías (negocio de extracción perlífera) en el Archipiélago de las Perlas, muchas veces tuvo que proteger a familias amigas enteras, liberales, por ser perseguidas de los conservadores, y también debió ocultarse con familias liberales acosadas por sus copartidarios. Huyó en su barco El Agallito a la Isla de San Miguel con sus hijos y allí la abuela del autor, Erenia García Henríquez de Berrío, de tres años de edad, estando jugando con sus hermanos en una playa hizo detonar, sin saberlo, una mina que había colocado alguno de los bandos beligerantes tiempo atrás, ocasionándole serias heridas que a duras penas pudo sobrevivir.

[6] En esta línea y aprovechando la coyuntura, los ancestros colombianos de la familia del autor, liberales objetivos bien colocados, en la persona de Mercedes Uribe Uribe viuda de Restrepo, prima de Rafael Uribe Uribe, tuvo que huir con sus dos hijas desde Medellín y Bogotá con el apelativo de “Gertrudis” para instalarse en Taboga con la ayuda del joven doctor Belisario Porras, hasta que terminó la guerra civil y decidieron radicarse en nuestro Istmo en Ciudad de Panamá. En Colombia eran perseguidas por los conservadores, quienes ya habían torturado a su único hijo varón en las bóvedas de Cartagena de Indias. Ella prefirió renunciar a los bienes que estaba llamada a heredar casándose con otro primo, con tal que sus hijos vieran un mundo mejor sin sangre.

[7] PÉREZ VENERO, Alex: La guerra de los mil días en Panamá, Lithoimpresora Panamá, 1979.

[8] PÉREZ VENERO, Alex: Opus Citatum.

[9] EL AUTONOMISTA, 23 de agosto de 1899, Colombia.

[10] BERRÍO-LEMM, Vladimir: Panamá: tierra, gente, legado… centenario. Aproximación a las raíces del hombre panameño. Ediciones del Istmo, S.A., Bogotá, Colombia, 2003.  Tomo III.

[11] EL AUTONOMISTA, 22 de julio de 1899. Por lo que humildemente entendemos, El Autonomista, de un modo indirecto, da razón: sólo se tendría que fusilar a los traidores. Luego, si el ánimo separatista es general en Panamá, y si pensar de esa manera es traición, hay que fusilar a los panameños.

12 de agosto de 2016

APROXIMACIÓN A PANAMÁ VIEJO: LA PERLA DEL PACÍFICO (497 aniversario)

Filed under: Panamá - Historia — Etiquetas: , , , , , , — Panahistoria: Panamá y su historia desde 1995. @ 2:30 PM

Vladimir Berrío-Lemm

Investigación y presentación realizada a pedido de la Fundación para la Preservación del Patrimonio Histórico del Casco Antiguo.  Aula Máxima del Instituto Nacional, viernes 12 de agosto de 2016, 10:00am

 

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